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viernes, 26 de febrero de 2016

El gol

-Con mi viejo no sé cuánto tiempo podemos hablar de fútbol… Mi viejo se llama José. Es maestro de escuela jubilado. Estuvo preso durante ocho años, sobre todo en el Penal de Libertad. Fue militante tupamaro. Y ahora trabaja en la dirección de la coordinación de educación y cultura del Instituto Nacional de Rehabilitación. Mi viejo me contó toda su vida un gol cuando estaba en cana en la dictadura, entre el 74 y el 82, rodeado de milicos que llegaban a poner guita para ver qué equipo de presos ganaba. Mi viejo jugaba de 9. Agarra una pelota mal picada, la toca con el taco por arriba a un volante, la acomoda y viene el zaguero y como si nada se la tira con el taco por arriba, y se va a enfrentar con el arquero, el Memo, y se la toca de vuelta por arriba de taco: tres veces la misma jugaba. Y cuando la frena para definir se para y le amaga que la va a tocar a un costado y se la toca para el otro y el arquero se desparrama a un costado… Me gustaría decir que el gol fue a la izquierda y el arquero también fue para la izquierda… Golazo, y los milicos aplaudían en plena dictadura. Tá. Una vez, en una comida entre presos políticos, fuimos todos los hijos. Vino, asado, rituales paganos, y mi viejo me dice: “Este es el Memo”. Le miro las manos y eran así, enormes, él corpulento, y le digo: “Memo, tengo que hablar contigo. ¿Cómo fue el gol? Decime la verdad”. Me dice: “No sé cómo te lo cuentan”. “Decimelo vos”, le digo. Y me lo contó: “La pelota le picó mal se la tiró por encima al volante la enganchó de taco por encima del zaguero y cuando yo le salí me la pasó por arriba me hizo un amague y me la puso contra el palo contrario y los milicos aplaudían”. Era tal cual.

Agustín Lucas, futbolista y poeta

miércoles, 24 de marzo de 2010

El inquieto Miguel


“Muy inquieto, muy inquieto; no estaba un instante quieto”, repite y sonríe en el recuerdo Osvaldo Suárez, ex maratonista y ex entrenador de Miguel Sánchez, el atleta desaparecido el 8 de enero de 1978 que se movía y removía ante la injusticia, y que hoy es carrera y bandera de la memoria de una generación masacrada en la última dictadura militar. DAK Producciones y la Universidad Nacional de Quilmes se encargaron de rescatar su historia y registrarla en 2006 en un mini documental. Se trata de Para vos, atleta (Miguel Sánchez), de Cristian Verón, Marco Molina y Juan Nahabedían. “Este trabajo -coinciden- muestra a Miguel como atleta, a Miguel como poeta y a Miguel como militante de la Juventud Peronista”. Para no olvidar, para no perdonar y para exigir Justicia, un 24 de marzo.

martes, 23 de febrero de 2010

Clara, Chicha y Licitra

Clara y la oscuridad, por Josefina Licitra, hoy, en la contratapa de Crítica de la Argentina. La imagen corresponde al correo citado en el artículo.

Clara Anahí Mariani nació el 12 de agosto de 1976. Tenía, desde un primer momento, un cuerpo y un nombre. Y padres. Su mamá se llamaba Diana Teruggi y estudiaba Letras. Su papá, Daniel Mariani, era economista. Ambos vivían en La Plata, la ciudad donde se conocieron, donde compraron una casa modesta –ubicada en la calle 30 entre 55 y 56–, donde tuvieron una hija, donde fueron asesinados y donde Clara Anahí Mariani desapareció.

Ocurrió el 24 de noviembre de 1976. Clara tenía tres meses. Esa mañana Diana se preparaba para llevarla, como todos los lunes y los miércoles, a la casa de su suegra. Pero nadie llegó a ninguna parte. En algún momento, la casa fue rodeada por tanques de guerra, helicópteros, patrulleros y doscientos miembros del Ejército. Todos estaban al mando de Ramón Camps –entonces jefe de la policía bonaerense– y querían sangre. No queda claro si alguien dijo “ahora”. Sólo se sabe que la balacera reventó hasta el alma de las cosas. Y que Diana pudo, tras la primera descarga, esconder a Clara en una bañera, bajo una pila de almohadones.

En la casa de Diana, Daniel y Clara funcionaba una imprenta de Montoneros, a la que se accedía de un modo solapado. Allí se editaba la revista Evita y una serie de publicaciones que echaban algo de luz sobre las muertes, las torturas y las desapariciones que eran fantasmas innombrables por buena parte de los medios de comunicación. Se sabe que al gobierno militar cierta prensa le molestaba mucho, entre tantas otras cosas que también le molestaban mucho.

Diana fue acribillada bajo un limonero. En la unión de dos paredes –un rincón donde hoy se concentran decenas de agujeros de bala– fue asesinado Daniel Mendiburu Eliçabe, el marido de Feli, el papá de Pablito, el hermano de Fideo y Cali (Feli, Pablito, Fideo, Cali: los nombres de una parte de mi infancia; los compañeros de exilio de mi padre). También mataron a Roberto César Porfirio, Juan Carlos Peiris y Alberto Oscar Bossio, y volaron ventanas a punta de bazucas porque, en fin, a los militares les gustaba el tema de llegar de a cientos y en tanque, aunque “el enemigo” consistiera en cuatro personas y un bebé.

Los únicos que no murieron esa tarde fueron Daniel Mariani –no estaba ahí, aunque sería asesinado ocho meses después– y Clara. Su llanto se escuchó cuando llegó el silencio. Y después no se escuchó otra cosa. Clara fue entregada a Ramón Camps y desde entonces crece en otra familia. Tiene mi misma edad: 34 años. Y un nombre que no es el suyo. Como todo lo demás, que tampoco es suyo. No tener nombre es no tener nada.

La abuela de Clara se llama María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani, es fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo y está viejita. Así lo dice el mail que recorre las casillas de muchísima gente estos días: a los 87 años, Chicha Mariani está viejita y, como todos los viejos, tiene la urgencia de los asuntos pendientes. Chicha busca a su nieta desde que encontró sus ropas mínimas entre los escombros de la calle 30. Un comisario le confirmó, en ese momento, que su nieta estaba viva y que había sido colocada “muy alto”. Lo mismo le dijeron un monseñor y un capellán de La Plata. Chicha, entonces, llegó lo más alto que pudo. Tiene varios motivos para sospechar que su nieta podría ser Marcela Noble, la hija apropiada de Ernestina Herrera de Noble.

No es fácil. No va a ser fácil. Chicha tiene 87 años y está viejita.

Quizás algún día yo también sea abuela. Pero por ahora la cuestión del afecto es sólo esta suposición: cuando veo a mi madre querer a mi hijo, intuyo que el amor por un nieto es muy superior al mito alcanforado de la “tercera edad”. Lo más preciado de lo más preciado: eso será un nieto. Un número elevado a su propia potencia, un último y desesperado aprendizaje.

Hoy hay 400 Abuelas de Plaza de Mayo –nacidas en 1977 como Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos– buscando el único eslabón que las tiene atadas a los días. Morir sin encontrarlo, en el fondo, es haber vivido en una especie de inframundo. ¿Entonces es posible morir más de una vez? Claro que sí. Ellas saben que sí.

"Está comprobado que sobreviviste y estás en poder de alguien. Ya tienes 34 años y tu número de documento probablemente sea cercano al 25.476.305 con el que te anotamos. Yo quisiera pedirte que busques fotos de cuando eras bebé y las compares con las que acompañan este texto (…). A mis más de 80 años mi aspiración es abrazarte y reconocerme en tu mirada, me gustaría que vinieras hacia mí para que esta larga búsqueda se concretara en el mayor anhelo que me mantiene en pie, el que nos encontremos”.

Eso, en síntesis, dice la carta que hoy circula por la web. Dice, además, que el tiempo es poco, que hay que difundirla pronto y que todas las vías valen la pena. Ésta incluida.

lunes, 30 de noviembre de 2009

El deporte desaparecido

La revista digital Lecturas: Educación Física y Deportes invita a recordar a otra parte del deporte argentino desaparecido: los estudiantes y profesores de Educación Física. El licenciado en psicología Tulio Guterman, creador y editor de la página, repasa acá sus nombres, sus acciones y sus sueños. Adherimos, copiamos y pegamos.

Homenaje a estudiantes y docentes de Educación Física detenidos
-desaparecidos
por la dictadura militar.

El martes 1º de diciembre a las 12 los esperamos en la puerta del Instituto Superior de Educación Física Nº 1 "Dr. Enrique Romero Brest", calle Crisólogo Larralde 1338, del barrio de Nuñez, en la Ciudad de Buenos Aires, para colocar la baldosa que señalará el paso por la institución educativa de:

Leonor "Nony" Rosario Landaburu
Jorge Luis "Chino" Chinetti
Sergio Fernando Tula
Gregorio "Guyo" Sember

Al realizar este homenaje, cumplimos con un sentimiento y con un deber: recordar a través de su proyecto de vida a quienes el Terrorismo de Estado intentó acallar y borrar de la historia, para sostener, a través de la transmisión de la memoria a las nuevas generaciones, su sueño por una sociedad más justa y solidaria. Los esperamos.

Barrios x Memoria y Justicia - Familiares y Amigos - ISEF Nº 1 "Dr. Enrique Romero Brest".