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miércoles, 10 de agosto de 2016

Tío Boris

–Rossi, en ese partido que jugaron y perdieron como perros, no tendría que haber jugado. Tenía así el dedo gordo del pie.
–¿Con Checoslovaquia, en el Mundial de Suecia, en el 58?
–Lo llenaron de goles. El tipo no podía patear. Por más que gritara, y los hacía correr, porque él era el técnico adentro de la cancha. Pero… ¿Por qué no dejaron a los jugadores que tendrían que haber ido? El grupo ese que clasificó, ese que vaya.
–¿No fueron por el técnico?
–¡No! El técnico era el mismo. Lo llevaron a Sanfilippo y no jugó ni un partido.
–Ah, porque Angelillo, todos esos, se fueron a Europa y jugaron para las selecciones europeas.
–En el 57 fue, sí. A Sanfilippo lo llevaron para venderlo.
–¿Jugaba bien? Porque ahora es insoportable, habla pelotudeces.
–Lo que pasa es que Sanfilippo jugaba porque los que estaban al lado le servían la pelota. Los dos entrealas jugaban para él, el 8 y el 10. Es así. Es lo mismo que cuando estaba Di Stéfano. A Di Stéfano en River le tocaban una pelota adentro del área, y siempre llegaba primero él, de la velocidad que tenía. Tal es así que cuando fue a Huracán, que lo dieron, empezó a hacer lío. Y después descendieron, ja. Y cuando se fueron a Colombia, que fue Cerviño de Independiente, fue… ¿Cómo es? Pedernera… ¿Quién era el otro? De los grandes grandes. Fueron todos, en el 48, que hubo huelga y salió campeón Independiente. Y cuando volvió Di Stéfano a River lo vendieron a los gallegos. Jugó uno, dos partidos, y lo vendieron. Pero para mí, para mí, el más completo de todos los jugadores que haya visto fue Di Stéfano. Hasta en el arco atajó una vez. Estuvo 20 minutos en el arco.
–¿En River?
–Porque se lesionó Carrizo. Le dieron un golpe. Hasta que se recuperó, estuvo 20 minutos.
–Jugaba diferente a Maradona, a Messi.
–El tipo… Corría por todos lados.
–Maradona y Messi juegan más arriba. Era más como Cruyff, que bajaba y arrancaba.
–Es lo mismo que cuando apareció Sívori en River. Sívori, una vez, jugando con Ferro Carril Oeste, pateó una pelota y el de Ferro le puso la planta del pie. Le dio con todo, Sívori ganó la pulseada, y se fracturó el pie. El que jugaba lindo también era Cejas, en Lanús, el 9. En Quilmes, cuando subió en el cincuenta y pico, estaba Paraja, otro 9. Ese también.
–Este jugaba bien también le digo, ahora, al tío Boris, Boris Yoncheff, 80 años, hijo de búlgaros, mi padrino, gallinón como pocos, cabeceándole al televisor en el comedor de su casa.
–¿Quién?
–El mellizo. Guillermo. No hay muchos que jueguen como él, que era 7, sólo 7.
–No sé si vos sabés cómo jugaban antiguamente. Arriba armaban el 7 y el 11, y el 9. El 8 y el 10 eran los que arrimaban la pelota, y el 5 era el que ordenaba todo el juego. River tenía a los dos 5 de la Selección. Rossi y Rodolfi, Bruno Rodolfi. Era muy buen jugador. También ese duró poco. Y en River apareció un pibe una vez, en la década del 50, Spada. Jugaba un montón. Se lesionó la rodilla y se terminó, no jugó más.
–En esa época una lesión te sacaba.
–Según la lesión. José Manuel Moreno jugó en River, en Boca y en Ferro. Yo lo vi en Ferro. Cuando jugaba en Boca, en el campeonato, Racing tenía un colorado grandote, Rastelli. Y Moreno arriesgó mucho el físico. Moreno era un tipo que volaba. Se tiraba en palomita y se llevaba a todo el mundo por delante. Tal es así que en El Gráfico estaba la mano de Dios… Con Gimnasia: iba volando así, la pelota lo pasaba y la mano acá. ¡Pero clarito clarito! Y dicen la mano de Dios… La mano de Dios es de hace mucho tiempo. 
–Maradona no inventó nada.
–Es la segunda mano de Dios. Moreno calzaba 38. En Ferro lo vi. Allá en el Chaco cuando fueron a jugar con la selección de la ciudad. Hacía lo que quería.
–¿Moreno o Di Stéfano?
–Moreno, porque arriesgaba... Pero como jugador jugador, que jugaba en todos lados, Di Stéfano. Moreno fue a México, un año, y cuando vino acá, River jugaba en la cancha de Atlanta; y cuando agarró la pelota el alambrado hizo así, ja… Se metieron todos, se derrumbó todo, suspendieron el partido. Y en un partido con Gimnasia La Plata se armó una trifulca. Lo querían linchar al referí. Y entre Pedernera y Moreno lo metieron al referí al medio: mono que se arrimaba, mono que quedaba culo pa' arriba. Moreno empezó como boxeador, y en cuanto lo noquearon una vez, no quiso saber más nada, ja. Fue a Boca, y lo echaron. Le dijeron que no servía para nada. Le pasó lo mismo que al chileno.
–¿Salas?
–Salas, sí. Hay cosas…
–Y que a Messi, que cuando era chico no lo aceptaron en River.

sábado, 16 de mayo de 2015

Entretiempo

Es el comienzo del fin de la posibilidad de perder con River y llorar en La Bombonera.
Los jugadores ya están en su campo. Los ojos llorosos, las caras hinchadas, las espaldas quemadas. Bengala y gas pimienta. Socios del club y policías. De pronto, un canoso de traje y corbata corre con otros detrás: es el presidente Rodolfo D'Onofrio. Arriba de las cabezas, sube y baja un dron con un fantasma de la B. Leonardo Pisculichi le tira un pelotazo para bajarlo. Le erra. Hay dos barras bravas en el estadio, una en cada bandeja media. Ha pasado un primer tiempo en el que Boca se dedicó a tirar envíos de guión: de Guillermo Burdisso y Daniel Díaz a Cristian Pavón y Federico Carrizo, con Fernando Gago con el llanto y la queja a flor de piel, con Pablo Pérez tirándose con los pies para adelante cuando el árbitro ya había cobrado falta. La respuesta a las patadas y a las faltas de River en el Monumental son patadas y faltas. Boca pierde uno a cero, y antes de que la manga sea nuestro Vietnam, en general, se hablaba en las tribunas de por qué Nicolás Lodeiro en el banco, de cómo entrarle a las gallinas, de qué debía cambiar el entrenador Rodolfo Arruabarrena. 
Al pedo. Porque la histeria de la trilogía de superclásicos llega al colmo.
En el banco apantallan a Leonardo Ponzio. El equipo de Boca hace el acting: los jugadores se mueven, pican, se posicionan. Roger Bello, el carcamán de la Conmebol, entra en la escena de circo para decidir si continúa el partido. A su lado, el hombre de la chalina blanca: Jorge Antico, el gerente de Torneos y Competencias, la productora dueña del show televisivo de la Copa Libertadores. Los hinchas, de a poco, enfilan para la salida. Antes, incluso, de que la voz del estadio anuncie la suspensión. Sentido común. Abajo hay más policías, bomberos, seguridad privada, más dirigentes. Por el borde cercano a la platea camina el vicepresidente segundo Juan Carlos Crespi, la campera de cuero de Tony Soprano. Todo menos un partido de fútbol. Pasan los minutos. El presidente Daniel Angelici se refugia en la manga. Si sale, lo putea la cancha. Menos la barra brava. 
La delegación de River intenta salir por el túnel hacia el vestuario visitante. Botellazos desde la platea de copetudos, desde el lugar de los tipos que pagan miles de pesos. Los imitadores de barrabravas. El hincha es lo más sano del fútbol. 
Ahora, mientras escribo, leo un zócalo en el programa Estudio Fútbol: "¿La vergüenza más grande del fútbol argentino?”. ¿Las muertes en el fútbol argentino? La hipocresía y la exageración de la prensa que, después, se lava las manos.
Como los futbolistas. Arruabarrena sale junto a Marcelo Gallardo y los jugadores de River esquivando las botellas. Sus dirigidos le dan la espalda. Agustín Orion, el Capitán Escarlata de Angelici, pega un par de gritos y el plantel saluda a La Doce. No a los cuatro costados. Gago y Orion. Los referentes post Juan Román Riquelme. Los que se deglutieron a Carlos Bianchi. El jugador es lo más sano del fútbol.
Nos quitamos hasta la experiencia del dolor. “El fútbol siempre da revancha -dijo el escritor bostero Sergio Olguín-. La estupidez no”.

Foto: Mariano Vega.