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martes, 12 de mayo de 2020

El bosque de los triperos

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El Club de Gimnasia y Esgrima La Plata, el más antiguo de América, fue fundado el 3 de junio de 1887, solo cinco años después de que empezara a construirse la propia ciudad de La Plata por un grupo de funcionarios y comerciantes, gente acomodada y respetuosa del orden. Uno de ellos era Ramón Lorenzo Falcón, el más siniestro jefe de policía que tuvo Buenos Aires, asesinado en 1909 por un anarquista y reasesinado en 2018 con una bomba anarquista en su tumba de la Recoleta, lo cual da idea de su fama.

Al principio, la institución se mantuvo ajena al fútbol, un juego que por esa época empezaban a importar profesores y ferroviarios británicos. Pero el fútbol se hizo rápidamente popular. En 1903, el Gimnasia y Esgrima contaba ya con dos equipos. Un cuarto de siglo después, la masiva inmigración europea se había hecho con el club. Eran tipos rudos, obreros, peones, muchos de ellos empleados en los frigoríficos cárnicos de Berisso, de ahí que les llamaran triperos. El proletariado de la zona prefirió en general el blanquiazul del Gimnasia al rojiblanco del otro club de la ciudad, el Estudiantes (llamados pincharratas, aunque hoy siguen siendo considerados más chetos o elitistas), y así quedaron las cosas. Para los triperos, el Gimnasia es el equipo del pueblo llano. El que sabe sufrir. El que no se rinde.

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Maradona se estrena como director técnico del Gimnasia y Esgrima el domingo 15 de septiembre frente a uno de sus antiguos equipos, el Racing de Avellaneda. Es la locura. En el pequeño estadio El Bosque, oficialmente llamado Juan Carmelo Zerillo (farmacéutico y presidente del club hace un siglo), no cabe ni un aficionado más. Se trata de una construcción de 1924, de aire modernista, con instalaciones polideportivas (piscina semiolímpica, canchas de tenis, sala de boxeo) y unas peculiares gradas montadas sobre una estructura metálica que permiten acoger a 25.000 personas. Cuando está vacío, El Bosque, con su jardín y su exterior arbolado, resulta casi bucólico. El 15 de septiembre de 2019 es una olla a presión. Hay cámaras de todo el mundo. Incluso la directiva del Estudiantes, el gran rival, se siente obligada a enviar una delegación para rendir pleitesía al ídolo.

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La gente del Gimnasia no cae en el desaliento. A esta hinchada se la llama La 22 porque tuvo como jefe espiritual al Loco Fierro, de nombre real Gustavo Amuchástegui, muerto en 1991 por disparos de la policía de Rosario. El loco en la baraja del tarot se asocia al número 22. La 22 ha protagonizado acontecimientos telúricos (el 5 de abril de 1992, un gol contra el Estudiantes fue festejado con tanta pasión que el Observatorio de la Universidad de La Plata registró un leve movimiento sísmico), hazañas discutibles (en 2013 celebró el ascenso quemando una gigantesca bandera de 100 metros robada a los rivales del Estudiantes) e incontables peleas callejeras. Para la Filial Maradona, cada partido empieza temprano, con un asado en un predio de Los Hornos, un barrio popular de La Plata, regado con abundante alcohol; las calles se cortan y los autobuses urbanos desvían su recorrido. “Llegamos ya calientes a El Bosque”, comenta Nano Oliver, jefe de la filial. “A veces hacemos cosas que no deberíamos hacer, pero son cosas que forman parte del folclore del fútbol”, se disculpa.

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Enric González, en La última cruzada del rey Diego

Fotos: Delfina Corti.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Estética

El fútbol no es una de las bellas artes. Es una simple actividad deportiva. Atrae a muchos millones de espectadores, genera un gran negocio y provoca en los aficionados emociones muy profundas, porque en él pueden proyectarse ciertas pulsiones que ni el individuo ni la sociedad logran satisfacer nunca de forma plena. El fútbol es lo que se vuelca en él.
Se habla y escribe con frecuencia sobre la relación entre el fútbol y la estética. El asunto suele resultar estomagante. Quienes lo abordan tienden a considerar, erróneamente, que "estética" y "belleza" son sinónimos, y cabe sospechar que reducen lo "bello" a lo "bonito" o, en el mejor de los casos, a lo "armónico". Soy de los que creen que lo importante en el fútbol, como en cualquier otro deporte y, me parece, en cualquier obra humana, es la efectividad. Que tampoco hay que confundir con eso que la prensa deportiva llama "resultadismo".
Solo cuando el fútbol es efectivo es posible adentrarse en el berenjenal de la cuestión estética. Porque en el fútbol la única finalidad consiste en marcar más goles que el adversario, y todos los esfuerzos deben encaminarse a eso. Si eso ocurre, si un equipo prescinde de la banalidad, de la rutina, del preciosismo, y busca obsesivamente la victoria, con casi total seguridad proporcionará algún tipo de emoción estética.
Para entendernos, imaginemos algunos de los mejores goles de Van Basten o Henry: son de belleza indiscutible, porque ofrecen armonía, es decir, el movimiento más eficaz en el menor tiempo posible. Ahora imaginemos a un jugador que cojea y en el último minuto, con empate en el marcador, se hace con el balón y corre, resbala, se levanta, desborda milagrosamente a un defensa, sufre un tropiezo que desorienta al portero, pierde el balón pero se arrastra por el césped y llega a tiempo de rozarlo con la nariz e introducirlo en la puerta. El gol es feo de narices, valga la redundancia. Pero posee, en su angustia, azar e incertidumbre, una estética poderosa. Como El grito de Munch o gran parte del expresionismo alemán.
Eso es lo que busco yo en el fútbol. La exaltación de ciertos momentos y el placer estético de la efectividad o, por usar el término de Nietzsche, el filósofo que más gusta en la edad del pavo, de la voluntad. El taconazo porque sí tiene para mí el mismo valor que un ripio de Campoamor.

Enric González, en Una cuestión de fe (2012)

sábado, 7 de mayo de 2016

Calcio

"El calcio es muy especial. Ningún país vive el fútbol como Italia (quizás Argentina, que no conozco) y nadie es tan imaginativo, tan farsante y tan estupendo como los italianos. El calcio ofrece mucho que contar: las tragedias del Torino, la arrogancia de la Juventus, la locura de la Roma, los disparates del Inter, las aventuras de Silvio Berlusconi y el Milan... El periodismo deportivo italiano ha dado grandes narradores, desde el patriarca Gianni Brera al contemporáneo Gianni Mura. Leerles es un placer muy instructivo. Ningún cronista, sin embargo, alcanza la brillantez de los anónimos inventores de pancartas.
En los estadios italianos, como se sabe, las dos aficiones suelen mantener un diálogo burlón a través de las pancartas. También se pegan y exhiben inscripciones miserables, pero dejemos eso al margen. Escribir una gran pancarta de curva (la grada más barata, donde se concentran los tifosi sfegatati) es un arte que se practica en secreto, para evitar el espionaje rival. Cuando la afición contraria averigua el mensaje, la réplica puede ser demoledora.
En 2001, los giallorossi de la Roma prepararon un cartel colosal para el derbi contra los biancazzurri de la Lazio. La Roma era campeona y la ocasión merecía la poesía más excelsa. Cuando saltó al césped el equipo romanista, sobre la curva se alzó un texto gigantesco en su honor: 
Mira a lo alto, sólo el cielo es más grande que tú. Segundos después apareció enfrente, en la curva de los laziali, otra pancarta de igual tamaño: Tenéis razón, es blanquiazul’".
Historias del calcio, Enric González, RBA, 2007

sábado, 26 de abril de 2014

Pausa

"No estoy seguro de querer ver cada fin de semana algo parecido a una final de intensidad suprema. A veces añoro las pausas, que, como en la buena literatura, permiten saborear el relato. Y a los genios indolentes que pasean por el césped hasta que, de repente, emprenden un vuelo vertiginoso".

Tiempos modernos, Enric González, El Mundo, 2013

martes, 20 de agosto de 2013

El deporte II

"Si el deporte no produce historias, apaga y vámonos. Está lleno de historias que contar, buenas historias, y algunas de ellas muy edificantes. El deporte es formativo. Creo que funcionaría".

miércoles, 9 de junio de 2010

Vértigo

El Bocha y Leonel hacían unos pasesitos en la cancha del predio de Independiente en Villa Dominico. El pibe jugaba con un hermano del Bocha en las inferiores del Rojo.

Leonel se sorprendió: Ricardo Enrique Bochini, el Charles Chaplín del fútbol argentino, era malo para los jueguitos. No lo creía. Pero aguardó. Esperó el momento para sacarse la duda.

Pasó una semana, cuenta Leonel, y le preguntó si no sabía o si no le gustaba. “A ella -le señaló la pelota el Bocha- no le gusta. No le gusta que la levantes. Le da vértigo”.

La rica historia la conocí en un comentario de Dibuje Maestro, el blog en ocasión de Sudáfrica 2010 que comanda el periodista Enric González en el diario El País. Y tengo apuntes variados al respecto:

a) La utilidad de los comentarios de las notas. La gran mayoría son barrabasadas, insultos y descalificaciones; pero también hay una porción que puede ser fuente de información y termómetro anímico. Antes, mucho antes, está la calle, nuestros oídos y ojos, por supuesto. Pero, sí, valía un comentario.

b) Las crónicas futboleras de Enric, y más en esta época de mundialitis aguda, en la que ya se escuchó al comunicador Marcelo Grandio, de Fox Sports, decir que en el país anfitrión “va costar encontrar a un blanco” y emparentar la criminalidad con negros. O, simplemente, prender la TV y ver las pavadas cotidianas de ciertos cronistas en su viaje de egresados, con tanto por contar en una nación poco abordada y que tuvo al excelente aperitivo de El Factor Humano, libro de John Carlin en el que se basó el film Invictus. González, a paso cansino pero sanguíneo, viene con una promesa bajo el brazo: hablar del “juego más hermoso” del mundo.

c) Y a colación del blog del español, apuntar otro. Hablemos de Maradona, de Daniel Arcucci. Y también, por qué no, la tarea que están desarrollando en La Nación Deportiva y en la web de Cancha Llena. Hace un año, le pregunté a Arcucci, Secretario de Redacción del matutino, por qué el suplemento deportivo es considerado por muchos periodistas como el mejor y cómo se planifica la cobertura de un gran espectáculo deportivo, por caso, esta Copa del Mundo.

sábado, 24 de octubre de 2009

Tres talentos

Enric González dejará de escribir sobre fútbol en el diario madrileño El País. Lo anunció hace unos días, en el último párrafo de otra de sus piezas. González, junto a Santiago Segurola y a John Carlin, son tres periodistas gráficos geniales. Trabajan en la prensa española y, es curioso, o no tanto, que ninguno provenga de lo que se llama periodismo deportivo; ninguno es un “especialista” de escuela. Segurola, por ejemplo, ha merodeado la crítica cinematográfica, y González, la crónica en historias de ciudades del mundo. El tridente, compruébelo usted mismo en Google, juega al buen fútbol escrito.