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miércoles, 1 de abril de 2020

Cambio

"La música siempre ha sido como una maldición conmigo. Siempre me sentí motivado a tocarla. Es lo primero en mi vida. Me voy a dormir pensando en ella y despierto pensando en ella. Siempre está ahí. Viene antes que todo. Vivir es una aventura y un desafío. No se trataba de quedarse quieto y estar a salvo. Pero siempre he sido así como soy toda la vida. Si alguien quiere seguir creando, tiene que estar a favor del cambio".

Miles Davis

miércoles, 6 de marzo de 2019

Melodía

Foto: Edgardo Kevorkian
Yo creo en la canción. La canción es la cosa. Hay diez mil canciones en el mundo hechas sobre la misma secuencia de acordes, pero lo que las diferencia es la melodía.
Una buena canción es esa que parece que no podría ser escrita de otra manera. Lo que hace que tanto el pibe joven, que se masacra para llegar al pie del escenario, como los viejos amigos que están bebiendo en el fondo, vibren al mismo tiempo. Si cantan todos, algo está pasando: un estado de conmoción.

Indio Solari, en Recuerdos que mienten un poco (2019)

jueves, 4 de enero de 2018

Datos

El poema es mera información. Es la Constitución de la patria interior. Si lo declamas y lo hinchas con nobles intenciones, no eres mejor que esos políticos que tanto desprecias. No haces más que agitar una bandera y llamar patéticamente a la patriotería emocional. Piensa en las palabras como ciencia, no como arte. Son un informe. Es como si dieras una conferencia en la Federación de Montañismo. Las personas que te escuchan conocen todos los riesgos de la escalada, y te honran dando por sentado que lo sabes. Si se los pasas por la cara, estás insultando la hospitalidad que te ofrecen. Informales de la altitud de la montaña, describe el equipo que utilizaste, especifica el tipo de superficie y fija el tiempo que duró la escalada. No busques dejar al público boquiabierto. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos, sino a la suya. Tu mérito estará en la estadística y no en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en los datos y en la tranquila organización de tu presencia.


Cómo decir poesía, Leonard Cohen

lunes, 24 de agosto de 2015

Paranoia

"El estado de paranoia hace que uno esté permanentemente cuestionando y buscando no aceptar determinadas situaciones que se presentan como dadas". Stephen Mallinder

Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo, Simon Reynolds, Caja Negra, 2013

martes, 30 de septiembre de 2014

Los decentes

"No confíes nunca en un tipo decente. Son decentes porque tienen miedo. Pagan los impuestos y con eso creen que ya son personas. No viven bien porque no sueñan y entonces no quieren que nadie sueñe. Son terribles. Encima después se aprovechan de ellos para hacer las leyes, para proteger a un tipo que no tiene nada, ni siquiera vida propia. No, mis amigos, todos mis amigos, son soñadores, tipos con los que un día hacés una cosa grande, algo que te da ganas de arriesgarte. La vida sin esas aventuras no es vida".

jueves, 17 de abril de 2014

Lucha barro cruel

En la pantalla de led, las aves de la tapa de "Pajaritos, bravos muchachitos" vuelan de oeste a este. La foto que se sacó Indio en Bahía Mansa, Villa La Angostura, o que encontró mientras boludeaba en Google, cobra vida. Se mueve. Acá estamos embarrados hasta los tobillos. “¿Hay alguna canción que tenga la palabra ‘barro’?”, les pregunto a los pibes. Somos cinco. Ya perdimos a nueve con los que salimos de la casa alquilada en Gualeguaychú. Ninguno responde. No falta nada para que empiece el recital. Son las diez de la noche y estamos cada uno en nuestro mundo. Ansiosos y nerviosos y preguntándonos qué carajo hacemos en el lodazal. Esta vez le fallo al ritual de sentarme en el piso con las piernas cruzadas hasta que se apaguen las luces y se escuche la danza sioux. “Qué Indio hijo de puta”.
Llegamos el viernes, sin complicaciones -más allá de que uno se olvidó la entrada en Buenos Aires-, y nos alojamos en el segundo piso de un hogar familiar de un paisano, a tres cuadras de la Unidad Penal N° 2 de la ciudad, un castillo del terror que terminó con un simulacro de motín: con los internos pogueando en el techo las canciones de Los Redondos. “Si en Mendoza aguantamos los grados bajo cero y aguanieve -me digo-, esto no es nada”. Es verdad: soy proclive a suscribir a la idea de que para alcanzar el placer hay que pasar, tarde o temprano, por el túnel del sufrimiento. Pero esto lo pienso ahora, mientras escribo, y no cuando pego saltos en el lugar para ver si de una puta vez sale el vejete.
Los recitales de Indio, como los Mundiales de fútbol, se han convertido en una medida de tiempo. Con R. fui por primera vez, y a la platea del estadio, porque estábamos todo cagados en La Plata; con S. O., la amiga que dejaría de serlo por una vuelta de perilla del corazón, pasamos la tarde al pie del dique en el segundo Tandil; con M. caminé los diez kilómetros -ida y vuelta- de la combi al autódromo de Junín, bordeando la Laguna de Gómez. Y así.
“¿Si sale, canta Jijiji y nos vamos?”. La idea pendula en mi cabeza y, de pronto, se va a la mierda porque se cae la estantería. El apagón, la danza, el damas y caballeros, con ustedes, los fundamentalistas, y vas corriendo, con tus nikes, y las balas, van detrás... El décimo tema en la lista, veo ahora, es Black Russian. “Lucha en el barro/ con tus amigas”. Y el decimosegundo, Beemedobleve. “El barro se hace cruel/ nos viene a sepultar”. Con los redondos Dawi, Semilla y Sidotti, Indio cantó Ya nadie va a escuchar tu remera, una canción que garpó el viaje. Recordé que en un diccionario que heredé de él, mi primo había escrito en el lomo fechas y resultados de los partidos de River. Por ejemplo: “Riv 1-0 Rac S. A 28/4/02”. Entonces, en uno de sinónimos y antónimos, garabatee: “Tic... Tac efímero”. Ya nadie va a escuchar tu remera me -nos- enseñó a que cuidemos nuestro estado de ánimo.
A la vuelta del hipódromo, en la casa, jugamos una temporada con la Roma al PC Fútbol 2001, que había bajado Eneco la noche anterior de insomnio y larguirucho. Ganamos la liga y nos eliminó el Milan de la Copa UEFA. Ese juego y Los Redondos llegaron en aquella época con mi primo. El domingo a la tarde, cuando rajamos por la Avenida del Valle de fisuras para regresar por la Ruta 14, disfruté la melancolía de ya no ser; de lo que ya no era.

martes, 25 de octubre de 2011

Reina Momo

Ella empezó sonriéndome en un bar sin luz, ah, ah
dicen que lo hizo hasta con el diablo.
Linda desde la cabeza hasta los pies, ah, ah
y con su carcajada ronca me tentó.
 
La Reina Momo todo el tiempo anda a la pesca
del vino que nos va a poner un poco tontos, pide más.
 
Es tan golosa que no hay tiempo que perder, ah, ah
y tan bonita que siempre tendrá problemas.
Su gata Pinot Noir se estira y ronronea
y le seguimos la corriente, ah, ah.
 
Babitas de su sexy caramelo,
y ternuras que no son para este mundo, ah, ah.
 
El aire se hizo todo azúcar con su voz, ah, ah
y no me pude resistir sin respirar.
Me fabricó un rico milagro con ventajas
y qué más puedo pedir? Ah, ah.
 
Hay gotas de mi sangre en su trago,
me lastimé los labios al brindar sin ella!
 
Quizá ya sea un poco tarde para mí, ah, ah, 
y para mi última aventura sobre un blues.
Yo me he agacha’o, no tengo ya remedio,
mi brújula tembló, ah, ah.
 
La Reina Momo todavía anda a la pesca,
del vino que me va a poner un poco tonto, ah, ah.

martes, 6 de septiembre de 2011

Rezándole al rey, fletando en rutas de ricota

La melancolía puede extenderse durante una semana. Son múltiples y contradictorias las emociones compactadas que se desprenden de esa aventura. Hubo ansiedad, felicidad, dolor, nostalgia. Hay. En los días posteriores regresan, y todas ellas deambulan y se baten a duelo en un ring de cuerpo y mente. Aquí, en este momento, pasaron 48 horas. Escanear una y otra vez con los ojos este poema de Camilo Blajaquis -o escuchar La hija del fletero, o charlar con un amigo sobre el viaje a la Luna, o que se te presente esa escena hacia un Armageddon de vida- son todas maneras de volver. Ahora y para siempre.

REZÁNDOLE AL REY, FLETANDO EN RUTAS DE RICOTA
(este mundo, esta empresa, este mundo de hoy…)

¡Lobos!
Si todavía amenazan con su apetito
es hora que le rindan cuentas a los bosques.
¿O acaso les asustan los corderos que andan desatados y rebeldes?
¡Mejor teman!
que algunos ya vaguean furiosos con mandíbulas ansiosas.

¡Lobos!
Los invoca un idólatra más de su gualicho
un devoto más de sus patricias joyas
un adicto más del fuego que alumbró conciencias
con octubres y luzbeles, soledad y toxi taxis.

¡Lobos!
La vejez es maduración o remordimiento
no se opaca fácilmente a un talismán de temblores y utopías,
a lo social se lo atormenta con destellos de poesía.

¡Lobos!
¿Pudieron olvidarse de esa magia de ilusiones
temblando en recitales surrealistas?
Me dolería saber que ahora sus estrellas son de un rojo opaco
y sus hocicos ya no crujen, ni babean libertad.

¡Lobos!
Escuchen mi oración
escuchen esta plegaria que sueña
con ver renacer su rabia más elegante.

Lobos, teoría de los tabiques,
que su olfato recupere el instinto,
al menos por piedad
y como ataque de amor a esta época maldita.

¡Lobos!
Por más que su rey viva atormentado por alambrados
por más que ángel guardián vague como un nómade
y relinchen sus seis cuerdas en veredas del planeta pánico.

¡Lobos!
Aunque los hayan secuestrado los hechizos de la burguesía
sus melodías de arco iris los absuelve,
ni hablar del espejismo, del lujo de ser viento
serán mis héroes más sonoros
la ecuación: canción reflexión libertad.

¡Lobos!
Cuídense de esos pantanos que los encandilaron
yo seguiré implorando e invocando a la Diosa Arte
que fabrique ese puente que los enamore de vuelta
(denle!!! que grandes debates generó su aventura)

Camilo Blajaquis es César González. Acá su particular historia de reconversión. "Puedo resonar con su universo de palabras", dijo el Indio sobre su poesía. Este es parte de su libro La venganza del cordero atado.

martes, 23 de marzo de 2010

El Cuarteto pizpireto

Roberto Musso tiene en su voz una cadencia semejante a la de un relator de fútbol rioplatense. Es uno de los cantantes de El Cuarteto de Nos, vieja banda de rock uruguaya que se popularizó hace unos años en Latinoamericana. Y, tal vez por eso, me llegó ahora su música.

Me resultó inédita y reveladora, porque todavía se puede crear un estilo. No se parecen a estos o aquellos: son. Sus temas cuentas historias atípicas, locas. No bajan línea. En sus entrelíneas radica el mensaje. El Cuarteto de Nos es un grupo lisérgico, reconocido como humorístico, aunque cualquier etiqueta les sienta mal. “Es una música que te enamora. Y vos estás en ese camino”, me dijo un compañero que estuvo el sábado a la noche en San Justo, donde se presentaron. Veremos.

Ah, y a colación del comentario sobre Musso, observen como Bob Roberts, nuestro corresponsal deportivo, nos informa acerca de los cambios idiomáticos que se vienen con la invasión de Gran Bretaña a Uruguay.