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miércoles, 6 de marzo de 2019

Melodía

Foto: Edgardo Kevorkian
Yo creo en la canción. La canción es la cosa. Hay diez mil canciones en el mundo hechas sobre la misma secuencia de acordes, pero lo que las diferencia es la melodía.
Una buena canción es esa que parece que no podría ser escrita de otra manera. Lo que hace que tanto el pibe joven, que se masacra para llegar al pie del escenario, como los viejos amigos que están bebiendo en el fondo, vibren al mismo tiempo. Si cantan todos, algo está pasando: un estado de conmoción.

Indio Solari, en Recuerdos que mienten un poco (2019)

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Un maldito cumpleaños

Por Enrique Symns
"No voy a involucrarme en el bochorno de una película sobre Luca. Es ir con una pala a desenterrar a los muertos, son cuestiones necrofílicas, hay una enfermedad que hace mover a los muertos de su lugar de descanso, es ir a molestar, como los gringos que se metían en los cementerios sagrados. Cada vez que vienen con algún proyecto, digo: 'Otro más que viene a mover el cajón'". (Ricardo Mollo)
Atardecer, 22 de diciembre de 1987.
Salimos con Vera Land de la redacción de Fin de Siglo, en Caballito, y nos zambullimos en la mesa de la ventana del bolichón que estaba justo en la esquina. Fue y será así. Jamás hemos trabajado en una redacción que no tuviera a menos de 50 metros un boliche. Escribir un rato para calmar a Dios y mandarse al bar para encontrar al diablo.
Vera se pidió un pebete de jamón y queso y lo revisó con esa expresión de otorrinolaringóloga que ponía cuando sospechaba del contenido del pebete. Como en una autopsia, lo abría y revisaba minuciosamente extirpando con el bisturí de sus uñas puntitos negros, hebras casi invisibles de grasa y otras microscópicas basurillas. Yo comenzaba a beber lentamente mi primera ginebra preparándome para la fiesta de esa noche en Caras más Caras. Así son las escenas de la vida cotidiana cuando estás por recibir un latigazo. Un vecino en pijama saliendo a la puerta entredormido, al amanecer, justo el día que explota el sol.
Ese 22 de diciembre yo cumplía 42 años y todos los amigos se reunían a festejar un nuevo aniversario de mi envejecimiento en aquel legendario antro que era Caras.
Carlos Aznárez cruzó la calle con el rostro demudado y por la ventana dio el latigazo.
-Llamó la Negra Poly... Se murió Luca.
Las noticias fatales se parecen a los balazos, dicen que no sentís nada hasta que pasa el tiempo.
Esa noche en Caras más Caras mi cumpleaños se convirtió en un festín macabro.
Fue una noche tétrica. Recuerdo claramente que esa misma noche todos sabían que Luca había muerto de una sobredosis y no de catarro. De un pico y no de una indigestión de ñoquis. Era una burla del destino: un tano había venido a Buenos Aires a morir como Jim Morrison, como Jimi Hendrix. Un tano patasucia (literalmente, Willy Crook sostenía que sus pies olían a pedos de mamut) tuvo que atravesar la espesa pared moral de esta ciudad donde los viejos vinagres a veces tienen 20 años, con la energía descabellada de su música, con el desparpajo de un conquistador, con la certeza de quien porta una tormenta. Un tano que se disfrazaba de bruto, un animal caliente que rápidamente percibió la reptil frialdad de los porteños, un compositor que en cuatro años escupió la música más enérgica, guerrera y original que habíamos escuchado hasta ese momento. Ante la displicencia y rechazo de los talentos nacionales, Luca se robó el corazón de todos los jóvenes de corazón joven de cualquier edad y jamás lo devolvió hasta hoy. Luca ni siquiera necesitaba cantar: con caminar por Corrientes ya se bamboleaba la calle. Los popes y futuros popes no se lo bancaron: ni el Indio Solari ni Spinetta ni Charly. Ninguno de ellos comprendió que la magia es energía que despiden ciertas almas: no importa cómo toquen o destoquen esas estúpidas guitarras y esos cretinos pianos que nos torturan a cada rato por diestra y siniestra en este ruidoso show que es hoy el planeta. Ni yo me di cuenta, pegoteado como un ciego a Los Redondos.
Lo puteábamos esa noche de Caras más Caras por abandonarnos y lo seguimos puteando todavía hoy. Pero más que todo me acuerdo que la Negra Poly (que lo quería mucho en su estilo Magnum), con su tono marcial iraqués recalcó varias veces.
-Luca fue el único músico de la historia que puso todas las canciones a nombre de toda la banda...
Un hombre excepcional se caracteriza por gestos excepcionales: ¿cómo voy a firmar abajo de estas líneas como si me perteneciera cualquier discurso que manda mi cerebro? ¿Cuál es la función de apropiarse de lo que emana el alma sino aprovecharse de esa lotería del caos que elige azarosamente a ciertos idiotas para expresarse a través de ellos? ¿Cómo no compartir el dinero y las ventajas con quienes se comparte el viaje si se desea tener compañeros de ruta y no empleados públicos contratados?
Esa noche alguien también dijo (y creo que fui yo o capaz que Lupo) una frase letal que tenía una clara referencia al secreto (hasta hoy oculto) de su muerte.
-Huyendo de una heroína lo mató la Argentina.
El flash lisérgico de Luca nos duró varios años hasta que nos dimos cuenta de que su energía se esfumaba y la fiesta se terminó.
Cuando se esfuman tipos como Luca o como Batato Barea, se pierde una guerra.
Todo lo que sigue después son los ritos mediocres de la cultura. Sin la magia, el mundo despierta mirando un escenario, leyendo libros, yendo al teatro o al cine. Todo vuelve a ser un maldito show, una estúpida sala.
Sin magia, la música, el teatro, la poesía son buenas formas de ganarse la vida y la gente "muy talentosa" se encierra en los laberintos de sus propios piropos.
Así como siento un placer estilo Genet al traicionar la intimidad de todos los famosos tipos que he conocido, detesto contar anécdotas de los que se fueron. Voy a contar una sola. ¿Cómo podrá entender el cerebro de un guardarropa que un tipo que se inyectó heroína, que se tomó toda la merca y el alcohol no se merece un destino de "llevemos a tu mamá a pasear a Florianópolis"? Luca iba a Alcohólicos Anónimos. La redacción de El Porteño, en Cochabamba y Piedras, tenía un bolichazo, y ahí lo encontraba yo a las nueve o diez de la mañana recién salidito de AA. Al toque me desayunaba una ginebra, y contento de que yo lo incitara, el pelado, después de la sexta o séptima ginebra y el cuarto saque puteaba la cura de la cura que lo obligaba a arrepentirse del éxtasis que lo aprisionaba: "¿Querés otra ginebrita, Luca? Amo el fracaso del que quiere enderezarse".
Los que se enderezan, levantan la vista y ya no ven más el mundo, se casan con un auto, tienen romances con el supermercado, se eligen la llave perfecta para que cierre la puerta y respiran hondo, como si toda su vida hubiera sido un error, como si ese ser miserable hubiera estado siempre oculto bajo el disfraz del agachado.
En un pueblito llamado Lota, en el sur de Chile, un pueblo minero abandonado, en la pared de una casucha dice: "Luca vive". Todos cuentan anécdotas de Luca, todos estuvieron con él en alguna parte. Y esas pintadas no se equivocan. Ciertos animales bellos y calientes, ciertos duendes quedan palpitando por la eternidad en los corazones que alimentaron con su luz.
No fui su amigo y lamentablemente ni siquiera acepté compartir escenario con él.
Cuando se resintió severamente con Los Redondos yo me puse del otro lado, del lado equivocado.
Todos los malditos 22 de diciembre que vuelvo a cumplir años sólo recuerdo esas mañanas en el barcito atorrante de San Telmo, cuando a las ocho o nueve de la mañana nos zampábamos esas seis o siete ginebras, hablando tonterías (nos poníamos tremendamente tímidos), como dos niños jugando un juego imposible: jubilarse de adulto.
La última vez que lo vi fue en el Parakultural, con su formación Luca y los Apestosos. Me dijo eufórico.
-Sumo me tiene podrido... Este es un país de putos, sabés qué banda voy a hacer: Todos Tus Trolos.
Estoy seguro que existe el horno. Y allí nos vamos a encontrar. No seremos muchos para ese recital. Capaz que además del horno, también hay un freezer para que allí se congele todo el trolaje argentino del rock 'n' roll.
Diciembre de 1997, a diez años de la muerte de Luca Prodan, en la revista Mix.

sábado, 18 de marzo de 2017

Algún día llegaría

Es -no quiero que sea, quiero que sea, sé que va a llegar- el final.

Son las 17:47, y el micro recién encara por Chacabuco, la calle del camping del Club Estudiantes de Olavarría, punto de estacionamiento. Como nunca antes, llegamos cerca de la hora del comienzo del recital. Desde el último asiento, arriba, veo ese mundo que vi -vimos- tantas veces, y con ojos aguados, vidrio de por medio, porque ahí siento que es el final.

Ya no cuando un amigo capta señal en el celular, cerca de la una y media de la mañana, después del concierto, y me dice que informan que hubo muertos por una avalancha. Trece, siete. El show había sido interrumpido cuatro veces por Indio para pedir por favor que pararan con los pisotones y que intervinieran para ayudar a los caídos, y luego había dicho, fastidiado, que así andaba con pocas ganas de seguir.

No hubo trece, ni siete. Hubo dos -una gran cagada-, ninguno por aplastamiento ni asfixia. Pero a la carroña oportunista no le importa el número (no le importa nada de la organización, los accesos, los puestos sanitarios, nada de nada). Y nada fue diferente en términos generales a Tandil, Mendoza, Junín. Fue igual, mejor o peor ese regodeo en ocasiones simbólico con la muerte -en cuerpo y en alma- asignado tantas veces a nosotros, y trasladado ahora, sin escalas, a las bocas de los comunicadores mediáticos y detractores ensillonados, con dosis racistas, prejuiciosas, gusánicas, Pamelas David.

Opino que todo el tiempo todos opinan de todo. La vida como panel de TV.

Y sí: soy un negro cabeza que según las plumas de la moral no entiendo las letras. Si mañana -o dentro de un año, dos, tres- Indio vuelve a presentarse, voy a volver a ir, y así hasta el final. Aunque el final haya sido en aquel momento, cuando mis amigos tal vez se dieron cuenta de mi angustia, y decidieron recargarme con un abrazo de ese capitán no sé qué.

No hay en estas líneas -no puedo que haya- cobertura periodística, como la de Fero Soriano. Tampoco análisis político social, como este de Martín Rodríguez. 
El deseo de acabar con cualquier “referencia moral” que organice conflictos, que tenga una narrativa de la fractura, es también un signo de época. Ese “plus” molesto que impide pensar al Indio como un hombre solo de la música y su industria lo complementan también sus detractores que esperan siempre que asome la hilacha, que se vea la costura de su “doble moral”, la letra chica de su contrato, las exenciones impositivas, lo que sea que derribe el peregrinar creyente de tantos chicos y chicas, adultos y adultas hacia un lugar “mítico”. Silo habla en la Montaña. El Indio toca en Salta. Porque un Juan Carr es un Juan Carr, es de todos. Es nuestro “24 horas por Malvinas” ambulante de la guerra (perdida) contra el hambre y la pobreza. Pero Solari incluye una referencia ética para sus “fieles” (ahorrémonos, por Dios, la etnografía de esas “misas”) como si eso naturalmente se emplazara contra los intereses de aquellos que sólo quieren una Argentina del comercio y que en espejo son capaces incluso de acusarte de capitalista para defender el capitalismo. Como si para hacer capitalismo hubiera que declarar la fe en él, como si hubiera escapatoria, como si en la venta de entradas no se consagrara el principio de su orden. O, también, aparecen las conciencias del taller de costura del periodismo de rock a decir que el problema de la Argentina es el “fanatismo”, que esto empezó con Illia, que el rock es paz y amor. Dicho lo cual: todos toman demasiado en serio “esto que pasa” en torno al Indio. Como si no pudieran ver la exterioridad de una, llamémosle exageradamente, “creencia”, para ver en cambio una “amenaza” desbordante.
Ni siquiera relato en primera persona, como el de Claudia Cesaroni.
Entonces, lo único que había hecho la intendencia de Cambiemos, una aplicación sobre el recital llamada "Indio en Olavarría", no sirvió para nada cuando más falta hacía algún tipo de información. En vez de celulares inútiles podría haber habido carteles, volantes, personas identificadas (no policías, que no hacían falta, porque el clima era de absoluta alegría y fraternidad) que orientaran, puestos con agua fría y caliente, mapas, tachos para la basura, lugares para cargar los celulares y usar wifi, baños químicos, puestos sanitarios. Entonces, Olavarría se transformó en un meadero y un basural a cielo abierto. Ya me imagino las fotos del domingo y el lunes, comentaba yo: miren lo que hacen estos bárbaros. No me imaginé que además morirían dos personas, y todxs nosotrxs seríamos llamados "sobrevivientes". Cuando hablamos de la selectividad del sistema penal, podríamos dar como ejemplo la enorme cantidad de contravenciones que sucedieron el sábado y domingo (orinar en la vía pública, hacer choris en cualquier lado, transformar una ruta en un estacionamiento, circular en contramano, falsificar entradas, cobrar en negro miles de cosas, vender alcohol y tomarlo en la calle, tirar basura por doquier, etc.). Mientras veía todo eso suceder, sabía que a nadie se le ocurriría ponerse a labrar infracciones. Ahora, a caballo de lo que los medios instalan como "Tragedia", acabo de ver a un señor, supongo que es un fiscal, diciendo que van a investigar "todos los delitos" que se cometieron. Son los momentos en que odio más fuertemente lo habitual al sistema penal y sus caranchismos. Después, cuando veo el modo en que lo que sucedió se presenta en algunos medios de comunicación, el odio se reparte en partes iguales. No sé qué pasará ahora. Temo que nada bueno. Yo creo que le caen al Indio por lo mejor que es, no por todo lo que no funcionó en la organización de este recital, no por las puertas que no alcanzaron, ni siquiera por las dos muertes, que no creo le sean imputables ni siquiera en la mente carancha más afiebrada.
Son, de acuerdo, marcas distintivas en el medio de la podredumbre.

Lo único que tengo claro con el paso de las horas -que tuve, que tendré- es la tristeza: mirar para atrás y llorar, tratar de no ser ingrato, no apenarme dentro de las "normas" de los hijos de puta. En todo caso, con los míos, desde adentro, comiendo nuestro dolor a veces inexplicable, vitalmente inexplicable.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Vivir

"El hecho de que aquel hombre recordara con tal precisión objetos que sólo había visto una vez y que no habían significado nada en su vida más que por un breve instante, a A. le impresionó como algo sobrenatural. Advirtió que Ponge no hacía diferencias entre el acto de escribir y el acto de ver. Es imposible escribir algo que no se haya visto previamente, pues antes de que una palabra pueda llegar a la página, tiene que haber formado parte del cuerpo, tiene que haber sido una presencia física con la que uno haya convivido, igual que convive con el corazón, el estómago y el cerebro. La memoria, entonces, no tanto como el pasado contenido dentro de nosotros, sino como prueba de nuestra vida en el momento actual. Para que un hombre esté verdaderamente presente entre lo que le rodea, no debe pensar en sí mismo sino en lo que ve. Para poder estar allí, debe olvidarse de sí mismo. Y de ese olvido surge el poder de la memoria. Es una forma de vivir la vida en que nunca se pierde nada".

***

"Es la verdad más simple: la vida pertenece sólo a aquel que la vive; la vida misma se encargará de reclamar a los vivos; vivir es dejar vida".


La invención de la soledad, Paul Auster, 1982


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miércoles, 30 de marzo de 2016

Estado de ánimo

"He estado mucho tiempo, por el tipo de actividades que hago en un grupo de rock que, de alguna manera, es considerado subterráneo, en lugares como éste, en sótanos. Y aquí se da cuenta uno por qué es útil proteger el estado de ánimo de la gente. Yo le diría a la gente, a la señora que pueda estar viendo esto, que cuide su estado de ánimo, porque las ratas se ríen de nosotros. He ido reconociendo a través de mi vida ámbitos que son fastos para que mi estado de ánimo sea protegido, sea defendido, no sea humillado, no sea vilipendiado. Eso me ha ocurrido en lo subterráneo, en toda esa información que mutiló y separó como bastarda, como inútil, hasta como pecaminosa, las instituciones, la lectura oficial. Que ha ido dejando desde los poetas malditos, todo eso que ha ido dejando de lado como inútil y ha convencido a la gente... La gente cree que la vida es el noticiero de ayer, no nos engañemos. Vos vas a un trabajo, y compartís un almuerzo de trabajo con la gente, y la vida, lo que le pasó ayer, lo que te transmite, lo que te llega de su vida, es el noticiero de ayer, ni siquiera el noticiero de mañana".

domingo, 13 de marzo de 2016

Nosotros

Pensamos las fotos que no sacamos.
Sobre el acoplado de un camión, cuando el día le deja el paso a la noche y el color de Tandil es anaranjado, un flaco con gorro piluso flamea una bandera y, abajo, el malón que camina hacia el recital. Nou click. No la sacamos por paja. Pero, sobre todo, porque el aquí y ahora es más potente -es, ya no es-, porque estamos de acuerdo con el paisa Pablo Emilio: los mejores momentos de la vida, humanito mío, no se publican: se disfrutan. Un Fiat Uno cubierto de polvo con el baúl abierto va a paso de hombre por la ruta provincial 226: hacia afuera, un parlante casi del tamaño del auto tira las canciones de los Redondos con un sonido crujiente. Podría ser otra foto. Como, mirá, pelotudo, mirá eso…
Pero no.
A la mierda.
Somos nosotros: estar entre nosotros, bancarse entre nosotros, conocerse entre nosotros, repetirse entre nosotros, jugarse entre nosotros, recargarse entre nosotros: ser, a pura muerte, a todo gramo, uno y nosotros.
"Y es que de todo esto sólo quedarán cenizas, quedará el recuerdo, serán anécdotas, serán historias de vejez, de que algún día un grupo de amigos, de hermanos, compartieron una noche de música, una noche de amistad, retratada en nuestras pupilas”, escribe el Negro Luis Fernández.
Y el día después,
que es domingo,
es más domingo
que cualquier otro.

lunes, 7 de marzo de 2016

Erotismo

"El discurso artístico se vuelve un cuerpo erótico cuyo poder de seducción radicaría en la demanda de una interpretación. Lo oculto, lo prohibido, lo invisible, lo reprimido representan la posibilidad de que el lector o espectador se vea envuelto y seducido por las palabras o imágenes y se aproxime al objeto con el deseo de descubrir el velo, de transgredir la obra y ejercer una violencia para hacerla hablar".

Elena Bossi, 
en Húmedo y vertical. Surrealismo erótico, 
Eduardo Santellán, 
La máquina de coser paisajes, 
2010

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tensiones

"El progreso está vinculado con todo este desarrollo tecnológico que, aparentemente, nos ha dado mayor comunicabilidad. Pero también creo que nos ha traído bastantes ordalías. Cada día hay más ataques de pánico, cada día hay más estrés, cada día hay más tensiones. Cuando estaba vinculado a algunos movimientos que más tarde se llamaron hippies, queríamos tener un lugar de resistencia, porque queríamos ser un aviso acerca de las tensiones que iba a tener el espíritu humano en el futuro. Y no nos equivocamos. Me parece que todas esas tensiones que produce la tecnología son gruesas, son duras, y requieren de un sistema operativo preparado para eso".

Rocambole: arte, diseño y contracultura, Ricardo Cohen, Troupe Comunicación, 2014

lunes, 24 de agosto de 2015

Paranoia

"El estado de paranoia hace que uno esté permanentemente cuestionando y buscando no aceptar determinadas situaciones que se presentan como dadas". Stephen Mallinder

Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo, Simon Reynolds, Caja Negra, 2013

lunes, 29 de junio de 2015

Mambo

Para mí que estoy enfermo.
Hace tres meses que no juego a la pelota y en seis horas voy a intentarlo de nuevo.
La rodilla derecha no sé si está curada y tampoco sé si el traumatólogo me dice que sí, que está curada, y entonces le creo y ya me curé.

***

"Buscás el dolor". 
Victoria.

***

Mañana -en seis horas- voy a volver y voy a seguir pensando que, a pesar de respetarte, M., coincidimos en un momento de la noche con N. que ella -ella, C.- te mira como para siempre.

***

"Trato de no pedir demasiado, ¿viste? No sé. El que da mucho también está pidiendo mucho... Para mí el amor es muy importante en mi vida, ¿no? En ese sentido, no soy una mujer tan moderna. Y trato entonces de descomprimir. Mi trabajo diario es distraerme un poco para que dé mejor resultado. Cuando descomprimo todo funciona mejor. Porque si no entro en mi propia trampa, ¿viste? Si me pongo a observar mucho al hombre termina siempre fallando".
Violeta.

***

Me atravesó un rayo de pies a cabeza,
y todo cambió adentro y afuera de mí (en mi cara y en mi corazón).
Ahora me recorro con precisión,
y sólo atiendo mi lección (y sólo sigo mi propio GPS).

***



***

¡Banzai!

jueves, 17 de abril de 2014

Lucha barro cruel

En la pantalla de led, las aves de la tapa de "Pajaritos, bravos muchachitos" vuelan de oeste a este. La foto que se sacó Indio en Bahía Mansa, Villa La Angostura, o que encontró mientras boludeaba en Google, cobra vida. Se mueve. Acá estamos embarrados hasta los tobillos. “¿Hay alguna canción que tenga la palabra ‘barro’?”, les pregunto a los pibes. Somos cinco. Ya perdimos a nueve con los que salimos de la casa alquilada en Gualeguaychú. Ninguno responde. No falta nada para que empiece el recital. Son las diez de la noche y estamos cada uno en nuestro mundo. Ansiosos y nerviosos y preguntándonos qué carajo hacemos en el lodazal. Esta vez le fallo al ritual de sentarme en el piso con las piernas cruzadas hasta que se apaguen las luces y se escuche la danza sioux. “Qué Indio hijo de puta”.
Llegamos el viernes, sin complicaciones -más allá de que uno se olvidó la entrada en Buenos Aires-, y nos alojamos en el segundo piso de un hogar familiar de un paisano, a tres cuadras de la Unidad Penal N° 2 de la ciudad, un castillo del terror que terminó con un simulacro de motín: con los internos pogueando en el techo las canciones de Los Redondos. “Si en Mendoza aguantamos los grados bajo cero y aguanieve -me digo-, esto no es nada”. Es verdad: soy proclive a suscribir a la idea de que para alcanzar el placer hay que pasar, tarde o temprano, por el túnel del sufrimiento. Pero esto lo pienso ahora, mientras escribo, y no cuando pego saltos en el lugar para ver si de una puta vez sale el vejete.
Los recitales de Indio, como los Mundiales de fútbol, se han convertido en una medida de tiempo. Con R. fui por primera vez, y a la platea del estadio, porque estábamos todo cagados en La Plata; con S. O., la amiga que dejaría de serlo por una vuelta de perilla del corazón, pasamos la tarde al pie del dique en el segundo Tandil; con M. caminé los diez kilómetros -ida y vuelta- de la combi al autódromo de Junín, bordeando la Laguna de Gómez. Y así.
“¿Si sale, canta Jijiji y nos vamos?”. La idea pendula en mi cabeza y, de pronto, se va a la mierda porque se cae la estantería. El apagón, la danza, el damas y caballeros, con ustedes, los fundamentalistas, y vas corriendo, con tus nikes, y las balas, van detrás... El décimo tema en la lista, veo ahora, es Black Russian. “Lucha en el barro/ con tus amigas”. Y el decimosegundo, Beemedobleve. “El barro se hace cruel/ nos viene a sepultar”. Con los redondos Dawi, Semilla y Sidotti, Indio cantó Ya nadie va a escuchar tu remera, una canción que garpó el viaje. Recordé que en un diccionario que heredé de él, mi primo había escrito en el lomo fechas y resultados de los partidos de River. Por ejemplo: “Riv 1-0 Rac S. A 28/4/02”. Entonces, en uno de sinónimos y antónimos, garabatee: “Tic... Tac efímero”. Ya nadie va a escuchar tu remera me -nos- enseñó a que cuidemos nuestro estado de ánimo.
A la vuelta del hipódromo, en la casa, jugamos una temporada con la Roma al PC Fútbol 2001, que había bajado Eneco la noche anterior de insomnio y larguirucho. Ganamos la liga y nos eliminó el Milan de la Copa UEFA. Ese juego y Los Redondos llegaron en aquella época con mi primo. El domingo a la tarde, cuando rajamos por la Avenida del Valle de fisuras para regresar por la Ruta 14, disfruté la melancolía de ya no ser; de lo que ya no era.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

Las apariciones de Patricio Rey

El viaje. Más de mil kilómetros. Buenos Aires-Mendoza.
Las estacas de la carpa, el piso de tierra-cemento y el ruido -todo el tiempo- del río que corre ahí nomás. La tranquilidad, sólo interrumpida por el relato de Arcapalo.
El asadazo del Gonza Ruiz (gracias por bancarnos).
Uspallata -“chupete de poio”-, Puente del Inca diez años después, Aconcagua.
Quemando la turbina no se desdibujan los momentos si nos basamos en prejuicios y preconceptos.
Las rosarinas de la chocolatada en Las Cuevas. La gata Sol. “Jijiji”.
Los rosarinos, canayas y lepras, de la noche del camping. ¿Nieva?
Porro, fernet y vino -mucho- del mejor.
El reencuentro con los amigos de las viejas misas en la ciudad.
La Arístides con todo y todos, hasta con los Fundamentalistas.
Más porro, fernet y vino del mejor.
El día, y esas putas dos horas y media que esperaste desde que se confirmó el recital -¿recital?- que ahora sí, de verdad, se aproximan.
El micro y la peregrinación: apoyar el culo, cerca del escenario, encapucharse, bajar la cabeza, meterse dentro de uno para después explotar. Filoricoterazen. 
Y el Indio que te encara con Luzbelito, te da vuelta con Blues de la libertad, te delira con Divina TV Führer y te empercha para siempre con Gualicho.
El final.
La salida. 
Ciento treinta mil. 
Y vos, que preguntás.
-¿No apareció en las pantallas cuándo vuelve a tocar, no?

martes, 3 de septiembre de 2013

Preso de tu ilusión

Del Facebook de Juan Diego Britos.

El man está encanado en Ezeiza por robo. Tiene ojeras hasta los dientes, las puntas de los dedos marrones de tanto gastar rubios y poco pelo. De noche duerme en el mismo módulo del que se escaparon trece pibes a fines de agosto. Cuando me enteré de la fuga, un compañero de trabajo me escribió para preguntarme por él. Entonces lo recordé caminando por la pasarela, con el sol perdiéndose al noroeste, detrás de los pabellones, las rejas, los muros. “Juan, no falté a un recital en 21 años, salvo cuando caía en cana. Los fui a ver a todos lados. Tengo todas las entradas guardadas en mi casa, las banderas. Mirá los tatuajes loco, te digo la verdad amigo, si me escapo algún día de acá, va a ser para ir a ver al Indio”.
Al revisar la lista de prófugos recé para que su nombre estuviera allí. Nadie se merecía más la fuga. Lo imaginé en Mendoza, saltando, fumando, abrazado al demonio.
Busqué un largo rato pero su apellido no figuraba en la nómina de evadidos. En silencio comprendí que se había quedado en la celda, recordando cuando corría por el campo con las manos llenas de bengalas, con la cara desencajada, sucio, transpirado. Libre.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Luzbelito y Nottingham Forest

Me presentó a Los Redondos mientras jugábamos una madrugada al PC Fútbol 5.0. Leandro, mi primo. Para la familia, “Pichi”. Rulos rubiones, taciturno: la perfecta combinación entre la calma, la risa y la rabia. Era de River, de esos que lloran por el fútbol. “Rumble Pack”, baby fútbol, Teddy, Bariloche, Comunicación Social. Luzbelito y Nottingham Forest. El más grande entre los varones. Hasta que ese mediodía se hartó. De vivir, de jugar: de jugar a vivir. ¡Pum! Todos hablaron. En un sueño –¿sueño?– se me apareció: de chiquito y de adolescente. “¿Todo bien?”, me preguntó el adolescente. El chiquito se me sentó al lado, sobre la cama. Las piernas le colgaban, apenas le rozaban el piso. En la pared de la habitación, con lapicera –praxis copiada a mi primo Leandro–, ya había escrito: “La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”.

martes, 7 de febrero de 2012

Deformaciones

Van dos ejemplos, así, sin introducción. El incluido sabrá entenderme. Documental de CM sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Esas imágenes de la intimidad en el camerino. Camerino, ajá: “¡Por qué no venís después al camerino, boludo, a tirarme cosas!”. El Indio, Skay, la Negra Poly, el periodista Claudio Kleiman, los demás integrantes. Cuando la banda sale para brillar en la plataforma, en ese paso, paso y paso, el Indio calienta la gola: "A Abbronzatissima, sotto i raggi del sole". ¿Qué entona? Un tema que el cantautor italiano Edoardo Vianello popularizó en los 60. Y nos vamos a la playa a broncearnos con PR.

Segunda demostración: Pizza, birra, faso. Película de culto, de Israel Adrián Caetano. Blog del director uruguayo hincha de Peñarol (Diego Alonso, uno de sus actores fetiche, porta en todos los capítulos de Tumberos una prenda negra y amarilla, manya. Un post, o entrada: “LOS REDONDOS pizza birra faso”. Epígrafe, o cintillo, o lo que sea, de la cinta virtual: “esta era una alternativa, pero anda a pedirle algo a los redondos". Sí, exactamente: Caetano quería esas melodías -Motorpsico, Esa estrella era mi lujo- para el tramo final del film. El comentario de por qué no sucedió es antológico. Estas son, entre otras, las deformaciones ricoteras. Las asociaciones acaso sean las profesionales. En fin: esto expone lo deforme que es uno.

martes, 25 de octubre de 2011

Reina Momo

Ella empezó sonriéndome en un bar sin luz, ah, ah
dicen que lo hizo hasta con el diablo.
Linda desde la cabeza hasta los pies, ah, ah
y con su carcajada ronca me tentó.
 
La Reina Momo todo el tiempo anda a la pesca
del vino que nos va a poner un poco tontos, pide más.
 
Es tan golosa que no hay tiempo que perder, ah, ah
y tan bonita que siempre tendrá problemas.
Su gata Pinot Noir se estira y ronronea
y le seguimos la corriente, ah, ah.
 
Babitas de su sexy caramelo,
y ternuras que no son para este mundo, ah, ah.
 
El aire se hizo todo azúcar con su voz, ah, ah
y no me pude resistir sin respirar.
Me fabricó un rico milagro con ventajas
y qué más puedo pedir? Ah, ah.
 
Hay gotas de mi sangre en su trago,
me lastimé los labios al brindar sin ella!
 
Quizá ya sea un poco tarde para mí, ah, ah, 
y para mi última aventura sobre un blues.
Yo me he agacha’o, no tengo ya remedio,
mi brújula tembló, ah, ah.
 
La Reina Momo todavía anda a la pesca,
del vino que me va a poner un poco tonto, ah, ah.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Indio

Qué bien armadito este especial de la Rolling Stone sobre el recital del Indio Solari en Tandil. No sólo por el testimonio de él. Vean, por ejemplo, el video de la travesía ricotera. O al uruguayo que viajó 15 horas para verlo. Fui, y un poco de lo que sentí lo describió acá el Negro Máximo, un colega. Y eso que todavía nos preguntamos si somos un público respetable.