lunes, 14 de octubre de 2019

Palabras y actos

Mucho después de que lo que he dicho haya abandonado sus mentes, ya sea en semanas o en meses, y cuando no quede sino la sensación de haber asistido a un importante acontecimiento público, el que marca el final de un periodo significativo en sus vidas y el comienzo de otro, traten entonces, mientras se ocupan de sus destinos individuales, de recordar que las palabras, las palabras exactas y verdaderas, pueden tener el poder de los actos.

Recuerden también esa palabra poco usada que acaba de salir del empleo público y privado: ternura. No les hará mal. Y esa otra palabra: alma -llámenla espíritu si quieren, si así es más fácil la reivindicación territorial. No la olviden tampoco. Préstenle atención al espíritu de sus palabras, de sus actos. Ésa es una preparación suficiente. Y no más palabras.

La vida de mi padre, Meditación sobre una frase de Santa Teresa, Raymond Carver, 1984

miércoles, 9 de octubre de 2019

Afición

A ojos de sus enemigos morales, el fútbol es una Disneylandia portátil e invasora de la trabazón social, infiltrada en las articulaciones de la realidad y dañina como un elixir morfonizante... A la afición al fútbol se la presenta como evasiva, infantil, acaso irresponsable, para hacer creer que la gente adulta, los que han tomado conciencia, está resguardada en lo real y para esconder que el verdadero infantilismo (bárbaro, conmovedor, titubeante) está en todas partes. O, en definitiva, para ocultar que todos somos aficionados al fútbol.


Vicente Verdú, El fútbol: mitos, ritos y símbolos (1980)

viernes, 4 de octubre de 2019

Vivir no es mostrarnos

Mire, yo soy un tipo sin currículum. Porque desdeño todas las palabrejas de esa laya, que han puesto de moda los realizados, y porque me parece que es de bobos mostrar currículum en esta vida donde el currículum de todos se reduce al día en que nacemos y al día en que morimos. Lo que hacemos o dejamos de hacer entre esas dos fechas, es absolutamente intrascendente. Es vivir y nada más, según cada cual nació. Solamente es trascendente para los hombres vanidosos que suponen que el hombre es trascendente.
El hombre vale o no vale. Vale, si hace lo que tiene que hacer en la vida y no dice nada de sí mismo, como sentencia don Atahualpa Yupanqui. Y no vale, cuando a pesar de ser un genio en alguna cosa es el primero en proclamarlo, como un pavo real se proclama el más hermoso y colorido entre los pavos. Y yo le tengo miedo a los pavos. Mucho más que a los sinvergüenzas.
Le tengo mucho miedo a los hombres que denuncian en la ropa, en el pelo o en la piel, que ocupan mucho tiempo de cada día frente al espejo. Desconfío de los que tienen que "sudar mucho" para hacer algo bien.
Todo es importante, nada es importante.
Entre un decente y un millón de importantes, deme un decente que nunca hable de sí mismo y que no tenga currículum.
Vivir no es mostrarnos. Vivir es estar muy solos y sentirnos muy vivientes, porque sentimos por muchos. Para mostrarnos basta la muerte, que es cuando nos vienen a ver los que quieren ser vistos.
Hacen más daño diez pavos que un terrorista con una bomba y una ametralladora.
Piense cómo cambian las modas, y calcule cuántos hay.

sábado, 17 de agosto de 2019

Juventud

El hombre aspira, por un lado, a la madurez, a la plenitud, a convertirse en un ser acabado, es decir, a ser alguien similar a Dios. Y, por otro lado, está fascinado por la juventud. ¿Por qué? Porque la juventud es la vida, es la fase ascendente, es la fase en que uno es cada vez más vital. Que uno no haya conocido aún el fracaso, quizás, no sea tan importante. Lo importante es que todos esos movimientos son ascendentes durante la juventud. Entonces aquel que envejece, naturalmente, el que se siente amenazado por la muerte, tiene una nostalgia muy profunda por la juventud, y creo que esa nostalgia, en nuestra cultura actual, ha sido camuflada. No se le ha dado suficiente lugar a ella, y yo lo veo en nuestra manera de sentir la belleza. Ahora existe una crisis enorme: se niega la belleza clásica, la belleza perfecta, se busca la belleza inferior y la belleza imperfecta, y es algo enorme, porque eso cambia los gustos. Envejecer es otra cosa. Schopenhauer hizo una buena comparación, como todas las comparaciones de Schopenhauer. Dijo que la vida misma es así: se sube y, después, se baja. Pero cuando uno sube no ve que está detrás, es decir, la muerte. Es sólo cuando se llega a la cima, cuando uno empieza a ver. Es una cuestión espiritual y biológica muy distinta la de la juventud y la del hombre adulto. Todo lo que uno hace es una negación a envejecer. Evidentemente, todo lo que uno hace, incluso tomarse una taza de café con leche, significa negarse a envejecer. Eso es evidente. Cada uno busca la vida.

Witold Gombrowicz, escritor polaco

jueves, 11 de julio de 2019

Subrayar

PH: Masahide Tomikoshi.
Apenas empecé a leerlo me di cuenta que debía ir lento, el texto me imponía su propio tiempo, subrayando cada página. Subrayar, es sabido, no sólo constituye una forma de apropiación del texto, es leerse en el mismo, inscribirnos en sus frases, trazar una línea que indica la detención en tal o cual idea a la que, seguro, habremos de volver.

Guillermo Saccomanno, 
Escribir el desastre

jueves, 4 de julio de 2019

Comunicación

Hay dos silencios. Uno, en el que no se dice palabra. El otro en el que quizá se está empleando un torrente de lenguaje. El discurso que oímos es una indicación de aquello que no oímos. Es una evitación necesaria, una pantalla de humo violenta, astuta, angustiosa o burlona que mantiene a lo otro en su sitio. Cuando el silencio real acaece aún nos quedamos en medio del eco pero estamos más cerca de la desnudez. Una manera de mirar al discurso es decir que es una estratagema constante de encubrir la desnudez.

Hemos escuchado muchas veces esa frase cansina, torva: "Falla de comunicación"... Y esta frase ha sido adosada a mi trabajo bastante consistentemente. Yo creo lo contrario. Yo creo que nos comunicamos sencillamente demasiado bien, en nuestro silencio, en lo que no se dice, y que lo que sucede es una continua evasión, desesperados intentos de retaguardia para resguardarnos dentro de nosotros mismos. La comunicación es algo demasiado alarmante. Entrar en la vida de otro es demasiado aterrador. Desenmascarar ante los otros la pobreza que nos habita por dentro es una posibilidad demasiado temible.


Escribir para teatro, Harold Pinter, fragmento del discurso leído en abril de 1962 durante el National Student Drama Festival, en Bristol, Inglaterra.

viernes, 24 de mayo de 2019

Disparar

Se acercó al parapeto y comenzó a disparar de pie. Cada disparo lo vengaba de un antiguo escrúpulo... Un tiro sobre Marcelle, a la que debí abandonar; un tiro sobre Odette, con la que no quise acostarme. Este por los libros que no me atreví a escribir, este por los viajes que me negué, este por todos los tipos, en bloque, a los que tuve ganas de odiar pero intenté comprender... Disparaba... Las leyes volaban por el aire... Amarás a tu prójimo: pam, sobre ese idiota... No matarás: pam, sobre ese títere... Disparaba contra el Hombre, contra la Virtud, contra el Mundo... Disparó y miró el reloj: catorce minutos y treinta segundos. Ya bastaba con pedir treinta segundos más... Disparó contra toda la Belleza de la Tierra, contra la calle, las flores y los jardines, contra todo lo que había amado. La Belleza se zambulló obscenamente y Mathieu disparó todavía. Disparó: era puro, era todopoderoso, era libre... Quince minutos

Los caminos de la libertad, Jean-Paul Sartre

jueves, 23 de mayo de 2019

Kid Francis

Cuando Francesco Buonagurio vivió en la Argentina, en los rings y en las calles lo conocieron como Kid Francis. Había nacido el 7 de octubre de 1907 en Nápoles. El 20 de junio de 1924, en la confitería porteña L'Aiglon, Kid Francis estuvo a punto de dejar el invicto en el país ante Constantino Gutiérrez, tercer campeón argentino de peso mosca. Pero selló, al final, un récord de siete presentaciones con triunfos y retornó a París, su lugar de residencia, donde venció al local Charles Ledoux en una pelea que el escritor Ernest Hemingway incluyó en The sun also rises. Buonagurio, en total, ganó 89 combates -21 por nocaut-, perdió 12 y empató 8. En junio de 1931 había aparecido en la tapa de la revista The Ring, la biblia del boxeo. Cuando las tropas nazis invadieron Francia en 1940, fue capturado y enviado al campo de concentración de Auschwitz. Buonagurio era ítalo-judío. Un día de 1943 fue asesinado. Tenía 35 años. Había sobrevivido los últimos tres porque lo obligaban a pelear con judíos y gitanos los miércoles y domingos a la noche. Los oficiales nazis apostaban dinero. Su premio: pan, sopa y más vida. Ganó cerca de 300 peleas seguidas, hasta que perdió. Y los perdedores eran ejecutados y quemados. Como una marioneta, Kid Francis los entretuvo en los descansos de la muerte.

sábado, 11 de mayo de 2019

Periodistas II

No existe lo que se llama periodismo independiente, a menos que se trate de un periódico de una pequeña villa rural. Ustedes lo saben y yo lo sé. No hay ni uno solo entre nosotros que ose expresar por escrito su honrada opinión, pero, si lo hiciera, sabe perfectamente que nuestro escrito no sería nunca publicado.
Me pagan 150 dólares semanales para que no publique mi honrada opinión en el periódico en el cual he trabajado tantos años. Muchos, entre nosotros, reciben salarios parecidos por un trabajo igual al mío. Y si uno cualquiera de nosotros estuviera lo suficientemente loco para escribir su honrada opinión se encontraría en medio de la calle buscando un empleo cualquiera, exceptuando el de periodista.
El oficio de periodista en Nueva York, y yo creo que en todas partes, consiste en destruir la verdad, mentir claramente, pervertir, envilecer, arrojarse a los pies de Mammón, vender su propia raza y su patria para asegurarse el pan cotidiano.
Ustedes lo saben y yo lo sé; así pues, ¿a qué viene esta locura de brindar por la salud de un periodismo independiente?
Somos las herramientas y los lacayos de unos hombres extraordinariamente ricos que permanecen entre bambalinas. Somos unas marionetas; ellos tiran de los hilos y nosotros bailamos al son que ellos quieren.
Nuestros talentos, nuestras posibilidades y nuestras vidas, son propiedad de otros hombres. Somos unas prostitutas espirituales.
John Swinton, redactor jefe de The New York Times entre 1860 y 1870, en una cena en su honor brindada por el gremio de prensa en 1880