miércoles, 22 de diciembre de 2021
Café en suspenso
domingo, 5 de diciembre de 2021
Escritura y lenguaje
martes, 23 de noviembre de 2021
Amor
Ante todo, el amor es una experiencia compartida por dos personas, pero esto no quiere decir que la experiencia sea la misma para las dos personas interesadas. Hay el amante y el amado, pero estos dos proceden de regiones distintas. Muchas veces la persona amada es sólo un estímulo para todo el amor dormido que se ha ido acumulando desde hace tiempo en el corazón del amante. Y de un modo u otro todo amante lo sabe. Siente en su alma que su amor es algo solitario. Conoce una nueva y extraña soledad, y este conocimiento le hace sufrir. Así que el amante apenas puede hacer una cosa: cobijar su amor en su corazón lo mejor posible; debe crearse un mundo interior completamente nuevo, un mundo intenso y extraño, completo en sí mismo. Y hay que añadir que este amante no tiene que ser necesariamente un joven que esté ahorrando para comprar un anillo de boda: este amante puede ser hombre, mujer, niño; en efecto, cualquier criatura humana sobre esta tierra. Pues bien, el amado también puede pertenecer a cualquier categoría. La persona más estrafalaria puede ser un estímulo para el amor. Un hombre puede ser un bisabuelo chocho y seguir amando a una muchacha desconocida que vio una tarde en las calles de Cheehaw dos décadas atrás. Un predicador puede amar a una mujer de la vida. El amado puede ser traicionero, astuto o tener malas costumbres. Sí, y el amante puede verlo tan claramente como los demás, pero sin que ello afecte en absoluto la evolución de su amor. La persona más mediocre puede ser objeto de un amor turbulento, extravagante y hermoso como los lirios venenosos de la ciénaga. Un buen hombre puede ser el estímulo para un amor violento y degradado, y un loco tartamudo puede despertar en el alma de alguien un cariño tierno y sencillo. Por lo tanto, el valor y la calidad del amor están determinados únicamente por el propio amante. Por este motivo, la mayoría de nosotros preferimos amar que ser amados. Casi todo el mundo quiere ser el amante. Y la verdad a secas es que de un modo profundamente secreto, la condición de ser amado es, para muchos, intolerable. El amado teme y odia al amante, y con toda la razón. Pues el amante está tratando continuamente de desnudar al amado. El amante implora cualquier posible relación con el amado, incluso si esta experiencia sólo puede causarle dolor.
Carson McCullers, La balada del café triste (1951)
lunes, 22 de noviembre de 2021
Lobos
En mis observaciones de los lobos que viven en manadas en el parque nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, he visto que los machos que mandan no lo hacen de forma forzada, ni dominante, ni agresiva para con los que le rodean. Los lobos auténticos no son así.
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En una ocasión, había un cachorro algo más enclenque de lo normal. Los demás cachorros lo veían con desconfianza y no querían jugar con él. Un día, después de llevar comida a los lobeznos, el superlobo se puso a mirar a su alrededor. De pronto, empezó a mover el rabo. Estaba buscando al cachorro y, al encontrarlo, se acercó a estar un rato con él. Con todas las historias de victorias que cuenta Rick del superlobo, esta anécdota es su preferida. La fuerza nos impresiona, pero lo que deja un recuerdo indeleble es la bondad.
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Y otra cosa más: “En los viejos tiempos”, dice Doug Smith, “la gente decía que el macho alfa era el jefe”. Sonríe y añade: “Eran sobre todo biólogos varones los que lo decían”. En realidad, explica, en la manada existen dos jerarquías, “una de machos y otra de hembras”. ¿Y quién manda? “Es sutil, pero da la impresión de que las hembras son las que toman la mayoría de las decisiones”. Es decir, adónde dirigirse, cuándo descansar, qué ruta seguir, cuándo salir de caza. Smith dice que hembra alfa es un término obsoleto. “Yo utilizo la palabra matriarca para hablar de una loba cuya personalidad establece la tónica de toda la manada”.
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En conclusión: a nuestro estereotipo del macho alfa no le vendría mal una corrección. Los verdaderos lobos nos pueden enseñar varias cosas: a gruñir menos, tener más “discreta confianza”, dar ejemplo, mostrar una fiel devoción al cuidado y la defensa de las familias, respetar a las hembras, compartir sin problemas la crianza. En eso consistiría ser un verdadero macho alfa.
Carl Safina, Así es el verdadero macho alfa
domingo, 14 de noviembre de 2021
Tres aspectos
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| Foto: Hans van der Meer. |
Serguéi Dovlátov, escritor
domingo, 7 de noviembre de 2021
Niza
Ayelén se levanta. Abre la canilla de la ducha. Deja correr el agua. Va a la cocina. Agarra de un estante la taza con arabescos y pone el saquito de té. Se apura a bañarse antes de que se despierte Lucía. Ayelén prende la computadora. Lucía llora. Abre los ojos. Pide por mamá. Ayelén carga la bañera. Coloca a Lucía en el asiento. Lucía chapotea con los dinosaurios. Ayelén fuma el primer cigarrillo Virginia Slims del día con el ventanal del balcón apenas abierto. De reojo mira a su hija. Cambia a Lucía con un vestidito. Desayunan. Se sienta en la computadora. Lucía hace dibujos en la pizarra. Le pide que la mire. Ayelén se da vuelta y le dice que esa vaca está hermosa, mi amor. Se pone en cuchillas, dibuja una oveja y le da un beso a Lucía. Ayelén sale al balcón y se sienta en la silla. Se prende un cigarrillo. Mira hacia la esquina. Ve salir a la señora del 2° “C” de la mano de su pareja. Ayelén le da la última calada y aprieta el cigarrillo en el cenicero. Entra. Su hija encaja cuadrados, círculos y triángulos de un juego. Ayelén hace un llamado. Se fastidia. Lucía la choca con el monopatín. Ayelén se pone los lentes de sol. Baja a la entrada del edificio. Lucía se desliza de un lado al otro con el monopatín. Ayelén se apoya contra su auto y la mira. Le saca una foto. La sube a las redes sociales. Ayelén desearía estar de vacaciones en las playas de Niza.jueves, 30 de septiembre de 2021
Que no te dejan ser feliz
Es encantador...
¡Tan encantador!
Jurás que te criaste en un balde de gusanos
tonteras de ayer que no te dejan ser feliz.
No te están quedando más de tus balas de plata
(no debí decirlo, tu esclavo ahora soy...)
Es encantador...
¡Tan encantador!
Te estás quedando sin balas de plata,
Porco Rex (2007),
Indio Solari
-"Aurora y Enrique" es su último disco. Son los nombres de sus padres. Habla, refiriéndose a ellos, del amor idílico. En la generación de usted, ¿se sigue creyendo en el amor para toda la vida? ¿Usted lo cree?
-Quiero creer.
-¿Cómo?
-Creo que se puede encontrar a alguien con el que puedes hacer una vida compartida. En lo que no creo es en el cuento de Walt Disney. No creo que nadie vaya a venir a salvarte, por mucho que te quiera tu pareja, tu amiga o tu madre. En primer lugar, creo en el amor propio, en la dignidad, en la intuición y, a raíz de ahí, cuando tú crees en ti mismo, cuando estás bien contigo mismo, cuando te estás realizando, cuando te enfrentas, cuando luchas contigo mismo, cuando ese debate interno que todos tenemos lo aceptamos, y nos arremangamos un poco la camisa y llegas a un momento en el que estás bien contigo, puedes conocer al amor de verdad. Repito: no creo en el cuento que nos contaban de pequeños.
-Autoestima.
-Se puede encontrar el amor de verdad cuando te respetas a ti mismo. Entonces elegirás a alguien acorde con tu manera de ver la vida, de respetarte y de respetar a los demás. Cuando la autoestima está baja, cuando no te respetas, cuando estás muy influida por creencias limitantes o juicios que no te dejan ser feliz, estás enfadado o enfadada, frustrado o frustrada, entonces a lo mejor te vas con alguien que te hace la vida todavía más complicada.
Soleá Morente,
lunes, 27 de septiembre de 2021
Libros
Con los libros ocurre lo mismo que con las personas: han de tomarse en serio. Pero precisamente por ello debemos guardarnos bien de convertirlos en ídolos, es decir, en instrumentos de nuestra pereza. En este aspecto, el hombre que no vive entre libros y acude a ellos con esfuerzo posee un capital de humildad, de inconsciente fuerza –la única que vale– que le permite acercarse a las palabras con el respeto y la ansiedad con que nos acercamos a una persona predilecta. Y esto vale mucho más que la "cultura"; más aún: es la verdadera cultura. Necesidad de comprender a los demás, actitud caritativa con los demás, que es en fin de cuentas la única manera de comprendernos y amarnos a nosotros mismos; la cultura empieza por aquí. Los libros no son los hombres: son los medios para llegar a ellos; quien ama los libros pero no ama a los hombres es un fatuo o un réprobo.Hay un obstáculo para la lectura (es el mismo en todas las esferas de la vida): la excesiva confianza en uno mismo, la falta de humildad, la negativa a aceptar lo otro, lo diferente. Siempre nos hiere el inaudito descubrimiento de que otro ha mirado, no precisamente más lejos que nosotros, sino de manera diferente.
[ "Leer", en El oficio de vivir (1952), de Cesare Pavese ]
sábado, 17 de julio de 2021
Un viento que cerraba de golpe las puertas
Durante la última semana, sin que hubiera sucedido nunca antes, una almohada de la cama amanecía tirada en el piso, en el costado opuesto al que dormía Ezequiel -cuando dormía-, como si la energía del vacío la tirara noche tras noche. Cuando enfermó, hacía ya más de un año y medio, Ezequiel había empezado a usar sin parar la cámara del celular. Una foto. Otra foto. Secuencias. Ángulos. Retratos. Había odiado, durante mucho tiempo, la interrupción de la experiencia que producía sacar una foto. Sólo sacaba con placer durante los viajes de vacaciones, cuando se convertía en “un turista de la vida”, ironizaba. Pero ahora sacaba todo el tiempo. A sus familiares. A sus amigos. A sus perros. A cualquier objeto. Le apuntó a la almohada.Eran las siete de la tarde, la hora de las galletitas de agua con queso fresco. De chico, cuando su padre se había quedado sin trabajo y traía unos pesos después de pasar doce horas arriba del auto como remis, su madre lo esperaba a las siete de la tarde con las galletitas de agua con queso fresco (y el mate). Ahora se sentía poco hombre, un flojo, ningún vivo. Caminaba por la calle y veía a hombres como su padre trabajando en una obra en construcción, bajando carga pesada a los negocios, manejando camiones y colectivos.
Ezequiel era periodista. “Al fin y al cabo -había leído en La fragilidad de los cuerpos- había lugares y situaciones que había descubierto mientras elaboraba un artículo. Eso era justamente ser periodista. Tener la capacidad de pasar de la ignorancia al conocimiento detallado”. Lo había disfrutado. Cada tanto, incluso, lo disfrutaba. Pero había caído en un pozo y desde abajo veía la superficie de ser periodista: la mierda y la falsedad, la vanidad yo-yo y el ego desmesurado, el postureo infantiloide de red social, las plumas de los pavos reales.
“Peor es trabajar”, había escuchado mil veces la frase en las redacciones. “Vos -se decía mientras miraba al que la tiraba- porque no laburaste en tu puta vida”. Ezequiel tampoco había trabajado tanto por fuera del periodismo. Pero su primer trabajo, las cinco horas en el fondo de una carnicería empanando milanesas, se le habían quedado impregnadas como el olor a carne podrida y lavandina destilada. Ezequiel no escribía porque de chico su padre le había inculcado el hábito de la lectura. Y dudada de aquellos que escribían “lindo”. Si no dejás un poco de vida al escribir, no sé si escribís.
Agarró el sobre y escribió en el dorso: “El sentido de la perspectiva”. Adentro había guardado la carta. La gente escucha historias que quiere que les sucedan a los demás, se dijo. Extrañaba al Ezequiel que había sido, sentirse fuerte, más calmo. Le dolía lo que no había podido ser: nada más intenso que lo que nunca sucedió. A la mierda con todo. También con el trabajo soñado: dedicarse a zaracear, una por día, para no confundirse, las etiquetas de los vinos.
Ezequiel abrió la puerta. Se cruzó con una vecina. La ignoró. Subió a la terraza. No hacía calor ni frío. Había un viento que cerraba de golpe las puertas, que retumbaba contra las ventanas, que movía las copas de los árboles. Miró hacia el oeste. A lo lejos, al chico que había sido, a la casa en la que había crecido, al barrio en el que se había criado. Sintió como si alguien le apretase la nuca con los dedos pulgares, provocándole un dolor desconocido. Dio una vuelta por la terraza. En otro momento había sido su lugar de entrenamiento, donde corría y hacía ejercicios. Había perdido la compañía de la suerte.
Sacó el celular del bolsillo de la camperita y se vio con la cámara invertida: una selfie, mirándose a los ojos. Del otro bolsillo, agarró el tarro de las pastillas, lo tiró hacia arriba y, antes de que tocara el piso, le metió un patadón. El tarro se abrió en el vuelo y las pastillas cayeron en la calle. Reacomodándose, se tanteó la cintura y se ajustó el jean. Temblaba. Sudaba helado. La última vez que había tenido un arma contra el vientre, recordó, él era Terminator y las balas eran de cebita.
Le sacó el seguro y se la llevó a la sien. “No me quiero entrometer -le dijo Ayelén-. ¿Probaste con no matar a Ezequiel al final?”. Ella tenía la capacidad de decirle palabras a su cabeza. Ezequiel se río, se río y se largó a llorar, se río y se le vencieron las rodillas, se río y se agarró el estómago del dolor, y no pudo parar.
sábado, 3 de julio de 2021
Ciclos
-También hablás de la salud física y mental y citás el concepto de Freud, que dijo que la salud física es ser capaz de amar y trabajar. Me imagino que es un concepto con el que estás de acuerdo, pero, ¿qué significa para vos estar en buena salud física y mental? ¿Cómo hacés para tratar de mantenerla?
-Absolutamente, esa definición de Freud es muy cierta. En realidad, no soy la mejor persona para hablar de salud física y mental: en mi libro hablo de la enorme depresión que atravesé. Pero pienso que lo que le permite a uno mantener la salud física, o al menos mantenerse a flote, es estar consciente de que todas las etapas son transitorias. Puede parecer tonto y banal dicho de esa manera, pero con frecuencia dentro de las banalidades encontramos las cosas más ciertas. Hay que estar consciente de que las etapas marcadas por la controversia no son absolutas. También es importante saber que cuando pasás por un momento de mucho dolor, en algún punto lo vas a superar. Y, de la misma forma, cuando las cosas van muy bien, no está mal decirse que la buena racha no va a durar. No se trata de ser pesimista, sino de ser realista. Hay que aceptar la idea de que existen ciclos.
-A lo largo de Yoga, también das varias definiciones de meditación. ¿Cuál es tu favorita?
-Hay una que voy a citar y que es una definición que proviene realmente del budismo zen más rústico, y es: "La meditación es orinar cuando orinás y hacer caca cuando hacés caca".
-¿Por qué te gusta tanto esa definición?
-No es un hallazgo paradójico mío; es una definición clásica que quiere decir que es algo muy simple y su dificultad es precisamente hacer de eso algo simple. Solamente es hacer lo que uno está haciendo mientras lo hace, en lugar de agregar capas, comentarios y razonamientos.
Emmanuel Carrère, entrevista con la BBC en febrero de 2021





