domingo, 26 de abril de 2020

Jugar de memoria

Los sábados pedía hacer “el nochero” en el colectivo. Entonces llegaba a las ocho de la mañana a casa, con una docena de facturas y el diario. Se batía el café Arlistan y, desde mi habitación, escuchaba el tictictic de la cuchara contra la taza. Yo ya tenía puestas las medias azules y blancas del Argentino desde la noche del viernes. Le salía espumoso, volcánico. Heredé esa técnica. Esas mañanas soñaba con ser futbolista. Pero mientras mi viejo leía la sección Deportes, creo que también empecé a querer ser periodista para que me leyera. Una vez escribí que el tercer domingo de junio no es el Día del Padre: que es un sábado que pide salir temprano del trabajo, vamos al Argentino, juego al baby fútbol y me compra una Coca.

-¿Pero tu viejo murió? -me preguntó el lunes Andrés Burgo en un taller de periodismo acerca de cómo narrar la pasión.
-No, no.
-...
-Está enfermo hace siete años y, desde hace cuatro, en un hogar. Y no habla, nada.

El que había hablado en pasado de él era yo. Lo suelo hacer. Y había contado que mi viejo no se había hecho hincha de Boca por su padre. Que su papá, a quien no conocí, era un tano que consideraba que lo único importante en la vida era el cemento y la tierra. Que seguro era hincha de Mussolini. Mi viejo se hizo hincha de Boca por “El abuelo de la esquina”. Así le decía a un vecino de pelo blanco y cara curtida que le había regalado una camiseta de lana de la Juventus. En ese sentido, mi viejo fue un marginal. Si siete de cada diez personas se hacen hinchas de un club por mandato paterno, él se había quedado afuera. De ese y de otros cariños.

La primera vez que fui a la Bombonera tenía once años. Fue el 12 de marzo de 2000. Lo había pedido como regalo de cumpleaños. Mi viejo, como dicta una regla futbolera no escrita, me llevó a un partido “tranquilo”. Boca-Argentinos Juniors. Ganamos 1-0 con un gol de cabeza de Alfredo Moreno. A los pocos días, el Chango le metió cinco goles a Blooming por la Copa Libertadores. Pero ese gol no lo vi desde la segunda bandeja del Riachuelo, porque fue abajo del travesaño, casi en la línea del arco. Lo de menos. Estaba impactado por el olor a meo en las escaleras, por la inmensidad del verde, por la multitud, por la cabeza de león de Maradona asomándose desde su palco. Por mis lágrimas.
La última vez lo llevé yo a la Bombonera. Fue el 27 de abril de 2014. El día anterior había cumplido 58 años. Mi regalo. Fuimos viajando. Lo hice correr desde Plaza de Mayo porque el tránsito era peor que caminar. Le ganamos 4-2 a Arsenal. Anteúltimo partido de Riquelme en el patio de su casa, su último gol. La degeneración cognitiva ya había avanzado lo suficiente como para que, al final del primer tiempo, me preguntara: “¿Para qué lado ataca Boca?”. Ese día lo cuidé como si fuese mi hijo. Que no se me escapara entre los hinchas, que no se perdiera en un acceso. Al día siguiente le conté a un amigo de humor ácido que habíamos ido a la cancha. “Lo llevaste engañado”, me dijo. “Sí -le respondí-, le dije que debutaba García Cambón”.

Carlos María García Cambón debutó ante River en 1974. Le metió cuatro goles. Inigualable. Cuando me gané una mochila de Deportivo Morón en un sorteo del programa de televisión “Aguante Gallo”, fuimos con mi viejo a retirarla a un local-set de Castelar. Estaba como invitado el entrenador de Morón, que en ese entonces era Mané Ponce. Y que había sido un gran puntero derecho de Boca a finales de los 60, principios de los 70. O sea, la niñez y la adolescencia de mi viejo. Le estrechó la mano, le palmeó la espalda y sonrió levantando el bigote y mostrando los dientes. Reaccionó igual cuando vio a Houseman. Volvía a ser un pibe. Acompañaba el saludo con una arenga: “¡René, viejo y peludo!”. Y, a los minutos, volvía a ser un hombre de pocas palabras.

Hoy es 26 de abril. Cumple 64 años. Sí, enfermó muy joven. Y hoy también cumple años Bianchi. Siempre me lo recordaba. “Qué grande, Carlitos Bianchi”. El año pasado le mandé un feliz cumpleaños por WhatsApp. Quizá porque mi viejo ya no podía responderme. Recibí un audio: “Hola, qué tal, Roberto. Te agradezco mucho tus deseos. Felicidades, Carlos”.

Camisetas de la Fiorentina y la Roma, porque ante todo el calcio. Partidos con sus compañeros de trabajo. Un casete con la grabación de la final Italia-Alemania del Mundial España 82 con los relatos de Víctor Hugo. Peleas en las canchitas. Pelotas de las promociones de Olé y Esso. La colección completa de la revista Un Caño. El dinero para el primer año en la escuela de periodismo deportivo. Además de Boca, mi viejo me dio mucho más en relación al fútbol. Todavía no tuve un hijo. Pero tengo a Mateo, mi sobrino, una relación más relajada. Mateo ya fue por primera vez a la Bombonera. A los dos años. Boca-Banfield, 29 de marzo de 2019. Ganamos 2-0. Fuimos con los padres, también bosteros.

Algún día, si se enamora del fútbol, preguntará por su primera vez en una cancha. Guardo la foto con él a upa en la tercera bandeja de la Bombonera que da a Casa Amarilla. Porque la memoria es traicionera y, también, nunca se sabe cuándo se puede perder. Casi como un partido.

lunes, 20 de abril de 2020

11. Mediocampista izquierdo

El fútbol como pandemia


11. Mediocampista izquierdo

La brasileña Milene Domingues cambió para siempre el fútbol femenino español en 2002, a pesar de que la apodaron Ronaldinha y olvidaron sus logros deportivos.

Toni Kroos es el único futbolista nacido en la República Democrática de Alemania en ser campeón del mundo. Quizá por eso prefiere la izquierda y socializar la pelota.

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La fichó Rayo Vallecano en 2002, pero también la querían Atlético Madrid Féminas y AD Torrejón. Antes de su llegada a España, las extranjeras no podían jugar en la Superliga femenina. Según el artículo 168 del reglamento de la Real Federación Española de Fútbol, “las extranjeras sólo podrán obtener licencia como futbolistas aficionadas para participar en competiciones territoriales”. Pero en 2002, Real Madrid fichó a Ronaldo Nazário, y la historia del fútbol femenino español cambió para siempre.


Milene Domingues -o Ronaldinha, como la apodaron en España- nació en São Paulo. Arrancó su carrera futbolística en Corinthians, pero tocó su pico de popularidad en 1997, cuando estuvo nueve horas y seis minutos dándole 55.197 toques a una pelota.


-¿Quién es esa mujer que entró en el Libro de los Récord Guinness? -dicen que preguntó Ronaldo cuando se enteró de la hazaña.
-Milene Domingues -le respondieron.


El 27 de diciembre de 2002, el diario Marca de España publicó en portada la llegada de la jugadora a Rayo Vallecano. “No soy Ronaldinha, esas eran otras mujeres que estaban con Ronaldo. A la mujer de Zidane no la llaman Zidana. Llámenme Milene, yo también soy profesional”, pidió.


Durante la temporada 2002/03, Milene jugó en el Rayo, donde la familia Ruiz-Mateos, dueña del club de Vallecas, le ofreció un contrato de publicidad. Milene cobró 3 mil euros mensuales -cuando el sueldo de las jugadoras rondaba los 180 euros- tan solo por entrenar y prestar su imagen, ya que el reglamento le impedía jugar en España por ser extranjera.


Sin embargo, durante aquel año Milene viajó todos los fines de semana a Italia para jugar con Fiammamonza en la Serie A femenina y, así, no perder ritmo competitivo. “Después del nacimiento de Ronald en el 99, tardé un par de años en volver a jugar al fútbol. En Italia, mientras Ronaldo jugaba en el Inter, fui a probarme a Fiammamonza y quedé, pero cuando empezaron los entrenamientos y la temporada, a Ronnie, que volvía del Mundial, lo vendieron a Real Madrid”, contó a la revista GQ.


Mamen Hidalgo, periodista española, publicó durante la cuarentena un video del 2001 de la serie estadounidense Friends. En aquella temporada, Rachel -uno de los personajes principales, quien se encontraba embarazada- hace referencia a una de las mejores futbolistas de Estados Unidos en aquel momento, Mia Hamm, debido a las patadas que recibía de su beba.


Sin embargo, Hidalgo muestra que, en la traducción española, la referencia es muy diferente. “Tanto por trascendencia deportiva y calidad como por los términos que se utilizan”, acentúa Mamen, “Hamm es reemplazada por Ronaldinha, esa futbolista rubia tan guapa”.


Lo que sucedió es que si bien Milene llegó a jugar el Mundial de Estados Unidos 2003 con Brasil e incluso fue campeona en 2008 en la Primera División Nacional con el CF Pozuelo en España, sus logros deportivos pasaron a un segundo plano y en el país europeo siempre fue reconocida por su belleza y por su vínculo matrimonial con Ronaldo.


Milene dejó el fútbol en 2009, cuando se lesionó gravemente su rodilla y, al año siguiente, regresó a Brasil. Una vez retirada, le preguntaron sobre su apodo “Ronaldinha” y ella respondió: “Creo que por jugar al fútbol la gente pensaba que yo podía ser como mi exmarido. Incluso me daban siempre el 9 y yo decía que no jugaba de delantera, que no marcaba goles. Y menos mal que no estaba casada con un arquero, porque si no me hubieran dado el 1”.


Por Delfina Corti

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Si el mundo se terminase por la implosión Covid-19, una de las últimas escenas que quedaría en la memoria de los futboleros sería esta: Toni Kroos controla la pelota en la izquierda, contra la raya, y levanta y agita la mano izquierda para marcarle el pase al juvenil brasileño Vinicius. Noche del 2 de marzo en el Bernabéu, el clásico global, Real Madrid ante Barcelona. Y el alemán Kroos habilita como si manejase un joystick, le mete un puñal por la espalda a la defensa de Barcelona. Gol de Vinicius.


“Aunque su posición es la de mediocentro, Kroos suele dejarse caer habitualmente por la banda izquierda cuando planifica cómo debe comenzar la jugada desde atrás -escribió, en septiembre de 2019, Gorka R. Pérez en El País-. Apoyado en el giro hacia afuera que le da su pierna derecha, el alemán no solo disemina la actualidad de su zona, sino que evalúa cuál es la distancia apropiada a la que debe lanzar la pelota”.


Campeón del mundo en Brasil 2014, Kroos parece un futbolista salido de los Supercampeones. En Rusia 2018, cuando Alemania quedó eliminada por primera vez en la historia de los Mundiales en primera ronda, Kroos jugó ante Suecia, en el segundo partido del grupo, a lo Riquelme. Además de clavar un golazo de tiro libre desde la izquierda al minuto 95, versión Román en Argentinos-Racing por Copa Argentina 2014, Kroos tocó 144 veces la pelota, casi siempre en la zona izquierda de la mitad de la cancha, récord de un futbolista alemán desde Inglaterra 66.


En plena pandemia, Kroos se vio envuelto en una polémica, porque se negó a que Real Madrid le recortase los salarios a los futbolistas: “Una bajada de sueldo es como una donación en vano al club”. ¿Qué puso en cuestión? ¿El recorte salarial o el destino de ese dinero? “Es posible que no se haya traducido correctamente o que algunos no quieran entender -aclaró luego-. Desde el primer momento, mi opinión la conocen bien, y es ésta: si podemos ayudar a trabajadores y áreas en el club, veo lógico renunciar a parte de nuestro salario, algo que se ha podido comprobar”.


Kroos nació el 4 de enero de 1990 en Greifswald, en lo que hasta octubre de ese año se llamó República Democrática de Alemania. Y quizá por eso prefiere la izquierda y socializar la pelota: es el primer y único futbolista nacido en el Este en ser campeón del mundo. De chico, una profesora de Educación Física lo obligaba a jugar descalzo para que los compañeros pudieran sacarle un rato la pelota. Y, con el padre, la madre y su hermano -un año más chico-, se entrenaban en la plaza de la pequeña ciudad, cerca del Mar Báltico. Su hermano, Felix, es mediocampista en el Union Berlin de la Bundesliga; su padre, Roland, también fue futbolista; y su madre, Birgit, fue campeona en bádminton en la Alemania comunista.

“Cuando pienso en mi infancia -dijo Kroos, el líder que vino del Este- llego a una conclusión sencilla: nunca tuve otra oportunidad que no fuera ser futbolista”.


Por Roberto Parrottino

sábado, 11 de abril de 2020

La memoria de los cuerpos

Ezequiel se quedó tildado: la chica sonreía dormida con la cabeza apoyada en la ventana del tren. Faltaban ocho estaciones para llegar al aeropuerto. Ayelén revisaba los mails en el celular. Cuando el tren frenó, Ezequiel leyó el cartel detrás de la chica dormida: Trastevere.
“¿En qué pensará que sonríe?”, se preguntó Ezequiel.
Un perro subió al vagón y se acostó en el pasillo. Ningún pasajero, salvo Ezequiel, pareció notarlo.
—Qué habilidad tenés para esquivar ciertas cuestiones —salió de la pantalla Ayelén, y le acomodó la manga de la remera a Ezequiel. Un alma en la tierra disfrutaba de ese gesto. Él todavía lo disfrutaba.
—No es habilidad, es voluntad —contestó.
—En eso te diferenciás del Burrito Ortega y sus gambetas.
—¿Sólo en eso?
—Roble...
—El precio de la libertad es la soledad. Y sin embargo, acá estoy, muy orondo. Te dejo de lado pendejadas, existencialismos y cagazos.
—Para jugar, Roble, para jugar hay que ensuciarse las manos.
Cuando lo llamaba por su apellido, Ayelén tenía algo serio para decir. O lo pretendía. Él sabía que ella nunca dejaba de jugar.
Ezequiel volvió a concentrarse en la chica dormida. Sus clavículas sudadas le recordaron a Estefanía. Su piel tostada por el sol, a Anahí.
El perro esquivó a un viejo que leía la Gazzetta dello Sport y se acercó a la chica. La olfateó de los pies a la rodilla y movió la cola. Cuando le lamió el tobillo, la chica abrió los ojos. Intentó acariciar al perro en la cabeza. El perro la esquivó y caminó hacia el próximo vagón.
Ezequiel registraba los carteles y memoriza las estaciones. Las repetía como si fuese una formación de un equipo de fútbol. Atrás, se dijo como epílogo, queda Roma. Le pareció, en idénticas proporciones, solemne y pelotudo ese “atrás queda Roma”.
Ayelén guardó el teléfono en su mochila y sacó el libro que se había comprado durante los primeros días de las vacaciones en una librería de usados en Barcelona: Poemas de otros, Mario Benedetti, 1974. Agarró la fibra celeste para hacer lo de siempre: marcar los versos que más le gustaban. Ezequiel llegó a ver que leía el poema “Táctica y estrategia”.

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

La interrumpió cuando llegaron a Fiumicino.
—Ya voy —pidió Ayelén.
Ezequiel se paró en la puerta abierta del tren a fumar un cigarrillo. El ruido de las valijas con ruedas era insoportable. Seguro así, pensó Ezequiel, con esta banda de sonido, te reciben en el infierno. Trató de distraerse, de pensar en otra cosa también. Hasta que Ayelén lo empujó hacia adelante.
—¡Daaale Roble, se va el avión, se va el avión!
Aquella tarde hacía calor en Roma. Ezequiel agarró la botella de agua de su mochila y tomó un trago. Ayelén caminaba con el cuerpo arqueado levemente hacia abajo, pisando hacia adentro. Lo había enamorado su forma de caminar.
Ezequiel la dejó adelantarse. La miró irse de a poco mientras terminaba de tomar agua. Después buscó un tacho de basura y tiró la botella vacía.

lunes, 6 de abril de 2020

9. Centrodelantero

El fútbol como pandemia

9. Centrodelantero

En cuarentena, Gabriel Batistuta, siempre capocannoniere, se disciplina como cuando era un chico que le preparaba el mate y lustraba los zapatos a su papá.

Vivianne Miedema, goleadora de la selección holandesa, no festeja sus goles porque, como dijo Cruyff, “no hay que enseñar lo bueno que eres: hay que jugar”.

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Durante los doce años que jugó en el calcio fue la idea del N° 9 goleador, un verdadero capocannoniere. Cuando le preguntaron sobre el segundo gol de Diego Maradona a los ingleses en México 86, Gabriel Omar Batistuta respondió: “Yo hubiera pateado tres veces antes. Desde 30 metros, desde 25 y dentro del área. Jamás hubiera gambeteado al arquero”.


Batistuta tenía el arco entre ceja y ceja. Por este motivo, eligió a Francesco Totti y a Maradona como los dos mejores futbolistas con los que jugó. Al eterno capitán de la Roma, porque “sabe lo que el atacante quiere”. Y, al Diego, porque “lo único que tenía que hacer era estar atento para ver cuando él alzaba la cabeza. Ahí, hacía el movimiento”.


Totti y Batistuta jugaron alrededor de 60 partidos juntos. Maradona y Batistuta, tan sólo diez. Los tres jugadores conocen a la perfección el fútbol italiano, cada uno es poco más que un rey en la ciudad en la que jugó: Roma, Florencia y Nápoles.


“En Italia, los jugadores entrenan para defender. Gabriel hizo que los defensores italianos se mostraran ridículos”, lo definió Maradona. Y Totti no se quedó atrás. Hace algunos años, cuando le preguntaron sobre el compañero que más lo había impresionado, no dudó en responder: Batistuta.


Cuando tenía 16 años, un día de lluvia, Batistuta se levantó a las cinco de la mañana, puso la pava en el fuego y preparó el mate. Después, agarró el cepillo y la pomada, y dejó todo preparado para que su papá se levantara, tomara unos mates, se calzara los zapatos y se fuera a trabajar.


Durante la cuarentena, circuló un video sobre el día en que la Roma le prometió -si dejaba la Fiorentina- la camiseta N° 9, la cinta de capitán y pelear el campeonato.


De las tres promesas romanistas, a Batistuta sólo le interesó la última. Durante su primera temporada, usó la 18 y Totti, la cinta de capitán. Cuando le preguntaron el porqué, el goleador argentino respondió: “Eso es lo que llamo disciplina, la que nunca me permitió abandonar y siempre me permitió mantener el ego en el lugar que correspondía. La misma disciplina que aplicaba todos los días para levantarme, preparar el mate y lustrar los zapatos”.


Por Delfina Corti


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Aunque cada vez le cuesta menos, a Vivianne Miedema no le gusta festejar sus goles: “No lo hago por respeto a mis rivales”. En el Mundial de Francia 2019, sin embargo, su segundo gol ante Camerún en la fase de grupos, el 3-1 final, le valió una voltereta en el aire: con ese gol, Miedema se convirtió en la máxima goleadora histórica de las selecciones de Holanda. Es decir, superó a Robin van Persie (50 goles), su ídolo del Feyenoord, con el que se sacó una foto de pequeña, y a Manon Melis (59). Miedema, goleadora silenciosa, el Nº 9 en la camiseta naranja, tiene apenas 23 años. Y 69 goles en 88 partidos.


-¿Estás en una relación? -le preguntó un periodista de la TV holandesa en 2019.
-Sí -respondió ella.
-¿Y es un chico malo o el yerno ideal?
-¿Cómo?
-¿Que si es un chico malo o el yerno ideal?
-Bueno, no es el yerno ideal, pero sí que es la nuera ideal.


Ahora, Miedema pasa la cuarentena en Londres, junto a Lisa Evans, su novia y compañera en el Arsenal. Hace unos días, en una entrevista a través de un vivo en Instagram con 433nl, le preguntaron quién era mejor futbolista, si la estadounidense Alex Morgan o la brasileña Marta. “Por el momento -dijo-, Alex Morgan. Es una verdadera Nº 9”. Miedema es, según la revista Forbes, una de seis deportistas europeas que marcan el futuro, por “su calidad como futbolista, por ser autora de libros infantiles y por su defensa de los derechos de la mujer y de la comunidad gay”.


El escritor argentino Fabián Casas dice que Holanda no tenía una tradición futbolística a mediados de los 60, antes de que el entrenador Rinus Michels cambiase primero la historia del Ajax y luego de la selección. Porque Michels, dice Casas, tomó elementos de otros deportes, como el handball y el hockey -movimiento permanente y ataque coordinado-, y los aplicó al fútbol. “Al no tener tradición, le podés robar a todos”. Miedema, quien practicó tenis, creció con una madre jugadora de hockey sobre césped a nivel semiprofesional. Pero también con un padre futbolero. Lars Miedema, su hermano, ya debutó en el FC Den Bosch. Como centrodelantero.


En el Mundial 2019, la Holanda de Miedema perdió la final ante la local Francia. Otra selección holandesa, como la masculina en Alemania 74  y Argentina 78, que acariciaba la Copa. Subcampeona. Una vez le preguntaron a Johan Cruyff qué pasó en 1974, por qué después de empezar con un gol de penal a los 2 minutos tras una jugada de arranque con 16 toques en 56 segundos, sin que los rivales tocasen la pelota, Alemania había dado vuelta la final y ellos nunca habían podido reponerse.


“Entre dominar y enseñar hay poca diferencia -respondió Cruyff-, pero significa mucho. No hay que enseñar lo bueno que eres: hay que jugar. ¡Nos gustamos de nosotros mismos! ¡Estábamos tan contentos con nosotros que era imposible ganar! Eso está un poco en nuestro carácter”.


Quizás también por eso Miedema prefiere no festejar sus goles.

Por Roberto Parrottino

miércoles, 1 de abril de 2020

Cambio

"La música siempre ha sido como una maldición conmigo. Siempre me sentí motivado a tocarla. Es lo primero en mi vida. Me voy a dormir pensando en ella y despierto pensando en ella. Siempre está ahí. Viene antes que todo. Vivir es una aventura y un desafío. No se trataba de quedarse quieto y estar a salvo. Pero siempre he sido así como soy toda la vida. Si alguien quiere seguir creando, tiene que estar a favor del cambio".

Miles Davis

sábado, 28 de marzo de 2020

7. Wing

El fútbol como pandemia

7. Wing

En tiempos de cuarentena se recomiendan lecturas. Lionel Messi no leyó “Memorias de un wing derecho”, pero las tiene porque para tener memoria(s) no se necesita leer.

Jenni Hermoso escribe “Ya volveremos a sonreír”, tal como lo hacía ella en los parques madrileños, cuando jugaba a la pelota con sus amigos. O tal como sonreía su familia de Atlético de Madrid en el Vicente Calderón.

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Se considera futbolista de barrio, más precisamente de Carabanchel, uno de los distritos de Madrid. Su técnica nació en las calles madrileñas jugando con sus amigos porque en su familia, salvo a su abuelo, a nadie le gustaba jugar al fútbol.


Sí nació en una casa futbolera. Su papá hacía sonar el himno eterno, el “yo me voy al Manzanares, al estadio Vicente Calderón, donde acuden a millares los que gustan del fútbol de emoción”. Pero a él jamás le gustó agarrar una pelota. Y su abuelo, quien fue arquero de Atlético de Madrid, fue quien la animó para que se fuera a probar al club madrileño. Y quedó.

“Mis mejores años fueron en el Atlético. Tengo la imagen de que el fútbol que jugué me hizo feliz. El Barça me definió como futbolista. Disfruté y disfruto con este estilo de juego, el idóneo para mí”, dijo este año en una entrevista Jenni Hermoso.


El idóneo para ella: en Barcelona, Jenni Hermoso intercala la posición de banda izquierda y falso nueve, en el 4-3-3 clásico azulgrana. Y, en esas posiciones, las marcas goleadoras de la delantera despegaron. Tal es así que ganó tres Pichichi, premio a la máxima goleadora; y, en el torneo actual, encabeza la tabla con 21 goles en 19 partidos.


“Ya volveremos a sonreír, volveremos a abrazarnos, volveremos a sentirnos cerca”, repite en cuarentena la goleadora, aunque nunca se definió como tal. Su juego requiere más movimiento y es más combinativo: “Cuando yo juego de referente no es para fijar centrales. Mediapunta es una posición que siempre me ha gustado más. Me siento más libre”.


Desde hace dos años, en cada gol, levanta los brazos y mira al cielo. Si su abuelo fue el encargado de acercarla al club colchonero, su abuela fue quien la impulsó a que jugara al fútbol en la calle. Los goles se los dedica a ella. Al lado de su casa, en el parque de Comillas, Jenni comenzó a jugar.


Y esos comienzos la jugadora no se los olvida. Por eso, cada vez que le preguntan por sus inicios en Atlético de Madrid, Jenni aclara: “Soy una jugadora de barrio y de Carabanchel, que no se les olvide”.

Por sus inicios futbolísticos, claro. Porque si de pasión se trata, cuando era chica, en la familia Hermoso Fuentes se vivió ese “olor a puro de las tardes de domingo en los partidos de las cuatro y media y el de la cerveza fermentada de la fábrica de Mahou en el lento peregrinar hacia el paseo de los Melancólicos” *.
* “Hasta siempre, estadio Vicente Calderón”

Por Delfina Corti


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Lionel Messi apenas leyó un libro en su vida. En tiempos en que recomiendan lecturas como si fuesen una Cajita Feliz, vale decirlo: Messi leyó apenas unas páginas de Yo soy el Diego, la autobiografía de Maradona. Y ya está, porque sí, si para jugar bien al fútbol no se necesita leer libros. Messi, entonces, no leyó el cuento “Memorias de un wing derecho”, pero las tiene en su cabeza, porque para tener memoria(s) no se necesita leer: se necesita vivir. En “Memorias de un wing derecho”, el Negro Fontanarrosa se mete en la cabeza de un wing derecho de metegol, en su punto de vista, en su mundo interior.


“Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha -escucho en la lectura de Alejandro Apo-. Y eso no me lo enseñó nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing 'ventilador' o wing 'mentiroso' o las pelotas. Arriba y contra la raya”. Para sentirlo, mejor jugar al metegol. O al futbolín, como lo llaman en España, pero jugar. Mano a mano, en parejas. En el mediodía de un club de barrio en Ituzaingó, en un bar de una noche en Bilbao. Porque para jugar bien al metegol tampoco se necesita leer.


A la porción del ataque derecho de la cancha, en algún tiempo del fútbol moderno, se la llamó la “zona Messi”. En 2014, el Tata Martino era el entrenador de la Selección Argentina. “Hemos decidido que Messi juegue de extremo derecho -dijo-. La posición de extremo derecho es una posición de arranque”. ¿Dónde hubiese jugado Messi con Marcelo Bielsa en la Selección?


El wing derecho es el inicio de la tracción de los goles fotocopia del primer Messi: diagonal de derecha a izquierda y zurdazo. Lo que pasó luego fue lo siguiente: Messi se aburrió del extremo derecho y se corrió hacia el centro, hacia el resto de la inmensidad del campo. Cuando jugaba en Barcelona, Neymar integró la delantera con Luis Suárez y Messi. Eran la “MSN”. Que en la sigla de aquel chat sin videollamada aparezca la M de Messi en primer lugar es sólo por una cuestión de jerarquías. No de posicionamientos. ¿De qué juega ahora Messi? Algunos dicen que de “falso nueve”. Son miradas y estrategias. O son momentos y decisiones, como frizó Miguel Ángel Russo.


Hay una página que citan con pretensión de autoridad los periodistas deportivos, que se llama Transfermarkt: una noticia del 12 de febrero dice que el egipcio Mohamed Salah supera a Messi como el extremo derecho más valioso del mundo. Valioso: que el valor de mercado de Salah es de 150 millones de euros, y el de Messi, 140. Días después, el coronavirus. Ver jugar a Messi en vivo es, como dijo el escritor David Foster Wallace de Federer, una “experiencia religiosa”. Si esta mierda sigue, temo no ver jugar a Messi ya no en vivo, sino tirado en el sillón un sábado a la tarde, tomando mate. Si algo nos puede sacar de esta mierda, ese algo tendrá juego: arte, amor y Messi.


Por Roberto Parrottino

miércoles, 25 de marzo de 2020

5. Mediocampista central

El fútbol como pandemia

5. Mediocampista central


A causa de la cuarentena, en Italia se volvió a transmitir el Mundial Alemania 2006. Y, otra vez, apareció Andrea Pirlo.


La francesa Amandine Henry se adelantó con el saludo de codo. Como si estuviese en la cancha, dice: “Protegerse a sí mismo es proteger a los demás”.

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Tengo debilidad por los tiros libres. Y, por eso, tengo debilidad por Andrea Pirlo. Es uno de mis jugadores preferidos. Y de mis jugadores preferidos es el único del que jamás escribí.


Miento. Una vez, al pasar, dije: “Le Corbusier definió a la arquitectura como el juego de formas más genial, correcto y magnífico que existe. Casi cien años después, Pirlo tomó esa caracterización y manejó la pelota de la manera más genial, correcta y magnífica que existe”. Y, meses después, alguien tomó esa frase y, con mi consentimiento, la publicó por mí.


A Andrea lo conocí en una noche italiana. Yo tenía doce años y, en aquel momento, vivía con la familia siciliana de una amiga mía. “Sessanta-quaranta”, gritó -como de costumbre- uno de los tanos. “Ma, per chi?”, le respondió otro entre risas. Y yo, que siempre que hablan de fútbol tengo una oreja parada, les pregunté sobre qué discutían. “Sobre el gol de Roberto Baggio”, me contestaron. Y yo, que no lo había visto, ese día me tuve que quedar callada.


Andrea Pirlo agarró la pelota y, desde mitad de cancha, le dio un pase a Baggio para dejarlo frente a frente ante el arquero de Juventus. Jugaban en Brescia. La precisión de la asistencia fue tal que Baggio la bajó y tuvo hasta tiempo de amagarlo. Sessanta para Pirlo y quaranta para Baggio, respondí tiempo después.


“Soy italiano, pero también tengo una parte brasileña: 'Pirlinho'. Cuando lanzo las faltas, pienso en portugués y, en la mayoría de ocasiones, celebro en mi lengua materna”, explicó Pirlo con humor en su autobiografía, Pienso, luego juego.


A Andrea, como dije, lo conocí en una noche italiana, pero me enamoré tiempo después. Durante los tiros libres, uno puede prepararse para gritar un gol. Similar a lo que ocurre en los penales, pero para los tiros libres no todos tienen la habilidad que se requiere. Durante un gol de jugada, las responsabilidades se reparten: “Sessanta-quaranta”. En el tiro libre, el jugador que mete el gol se convierte en maestro.


Y, durante mi adolescencia, Pirlo fue el maestro del Milan de Berlusconi. En su carrera, metió 43 goles de tiro libre. Y, según el propio jugador, todas sus faltas comparten una misma fuente de inspiración: Antônio Augusto Ribeiro Reis Júnior, mejor conocido como Juninho Pernambucano.


A causa de la cuarentena, para que la gente se quedara en su casa, en Italia se volvió a transmitir por televisión el Mundial Alemania 2006. En aquel torneo, Pirlo anotó un gol, dio cuatro asistencias y metió el primer penal de la tanda de penales en la final ante la Francia de Zidane.


Después de aquel Mundial, empecé a quererlo también por el resto de sus cualidades. Se convirtió en maestro y architetto. Una vez, alguien me dijo que después de Argentina, su país preferido en los Mundiales es Italia. Desde 2006, me pasa algo parecido.


Por Delfina Corti


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Amandine Henry le entrega el banderín francés a Christine Sinclair, que al mismo tiempo le da el canadiense. Henry acerca el codo a modo de saludo. Sinclair la mira extrañada. Menea la cabeza. Y la abraza. Las capitanas de Francia y Canadá habían sido compañeras en Portland Thorns, equipo de la liga de Estados Unidos. Sucedió el 4 de marzo, en el primer Tournoi de France, un cuadrangular organizado por la federación francesa en el que participaron Canadá, Holanda y Brasil, y en el que Francia fue campeón. Amandine Henry, mediocampista central, levantó el trofeo.


Al día siguiente de aquel saludo codito-abrazo, RTL, la radio más escuchada de Francia, tituló: “Coronavirus: el hermoso gesto de la capitana canadiense hacia Amandine Henry”. ¿Qué titularía ahora, que Francia ya pasó la barrera de los mil muertos, que directores de hospitales dicen que la cifra es muy superior, que el gobierno ordenó mantener un metro de distancia entre las personas, que hasta el presidente liberal Emmanuel Macron aceptó que la salud pública “debe estar por fuera de las leyes del mercado”? “Nuestra preparación es la misma, excepto que saludamos con los codos o los pies, eso es todo”, había dicho, incrédula, Henry.


La capitana de Francia y multicampeona con Lyon (nueve títulos de liga y cinco Champions League) destaca ahora el trabajo de los médicos. “¡Protegerse a sí mismo es proteger a los demás!”, escribió Amandine Henry en Twitter, siempre seria y respetuosa. “Por sus dotes técnicos -la describe el periodista Daniel Melluso en un perfil en El Equipo-, Henry enlaza la defensa y el ataque como si fuera, por momentos, una especie de cinco adelantada o una enganche atrasada”.


Ella dijo: “Si jugás bien en lo individual, entonces el equipo también juega bien en lo colectivo”.


Durante estos días de aislamiento en Francia, muchos niños y niñas juegan a la pelota en casas grandes y departamentos chicos. Otros, con con la muñeca Barbie de Amandine, ya que ella fue la futbolista elegida por la empresa Mattel en una campaña para visibilizar a las mujeres deportistas francesas. Y otros, acaso, leen Cree en tus sueños, una novela ilustrada en la que Henry recuerda sus primeros pasos, como el rechazo en un club por ser mujer, o esos botines azules que le regalaron para un cumpleaños, y que no se los sacaba ni para dormir.


Por Roberto Parrottino