miércoles, 3 de julio de 2013

Ratas

Las ratas no me dan miedo. El viejo mató a una tirándole un ladrillo desde veinte metros. Lo agarró de la pila que sería la pared del fondo de la casa, lo lanzó y, de una, la aplastó. "Si lo tiro cien veces más, no me sale". No me agradan; pero no me dan miedo: no grito cagado en las patas ni me asqueo. Las miro corretear, como en el andén del tren, hasta que se pierden.

jueves, 6 de junio de 2013

Fútbol Total

Final de la Copa del Mundo de fútbol de 1974. Estadio Olímpico de Múnich. 78.200 espectadores. Alemania-Holanda. Franz Beckenbauer ante Johan Cruyff. Holanda saca del medio. La pelota va a la izquierda. La vuelcan a la derecha. Todos se mueven: abren caminos. Los defensores son delanteros, los delanteros son defensores. Cruyff busca el balón en la posición de libero. La vuelca otra vez a la izquierda. Hasta que la agarra en el círculo central, los compañeros lo cortinan, y encara a Berti Vogts. Le zapatea, lo sobrepasa en velocidad y se mete al área. Uli Hoeness cierra y le comete falta. Es penal. Son 16 pases en 56 segundos de partido. Gol de Johan Neeskens. Los alemanes pierden uno a cero y no tocaron la pelota. Es la síntesis del Fútbol Total de la Naranja Mecánica. El resto fue menos importante.

viernes, 31 de mayo de 2013

El deporte I

"El deporte trata de gente que pierde, vuelve a perder y pierde una vez más. Se pierden encuentros; después se pierde el trabajo. Puede resultar muy intrigante".

domingo, 28 de abril de 2013

Al borde

El aroma a habano importado empuja los orificios nasales hacia el cielo. Las gotas cada vez caen más redondas y pesadas: diluvia. El relámpago ilumina el ring. El trueno asusta. Algunos de los asientos de cinco mil amagan con irse a refugiarse. ¿Qué onda, refugiados? ¿No vinieron acaso a ver a Maravilla? Vos, ¿ya te sacaste la foto con el desagradable y patriotero de Mariano Iudica y te rajás a cambiar la cara de póker? Sergio Martínez, el boxeador, el showman, el actor, el bailarín, el reptil, se mueve sin acompasar su cuerpo a los golpes. Tormenta: un nuevo refucilo electrifica el cuadrilátero. Martin Murray juega sucio y sale un grito: “¡Devolvé las Malvinas, puto!”. El inglés limpia el camino con la izquierda y poncha con la derecha la cara de Martínez, que cae: el campeón a la lona en el octavo round. El jean escurre como un trapo de piso. El papel en el que llevo la tarjeta se moja y se humedece. Los de atrás van con Maravilla y se acercan hacia el ring. Constitución en hora pico. Hay una caída: no suma, no se cuenta; es un resbalón, y un resbalón no es caída. Restan dos asaltos. En el boxeo, y en la lluvia, hay de sobra: épica sobre épica da un circo posmoderno de los Estados Unidos montado en Liniers. Pero sobre todo hay un par de boxeadores frente a frente. Y ahí no hay tutía. Murray por uno, dos puntos; Maravilla es the champion of the world y el británico debe no sólo ganar la pelea, sino también el cinturón, y en ese punto hay tantas certezas como pilotines de colores. Dos verdades. Miles de empapados. Una defensa. El aguacero. Un hecho histórico que estuvo a punto de llevarse puesto a todos, incluso a Maravilla.

jueves, 4 de abril de 2013

Mamúa

"Dicen que nos ponemos en pedo básicamente por dos cosas: para soportar lo que tenemos que hacer y para olvidar incluso a los que amamos. También dicen que son otras dos cosas las que nos despabilan de la mamúa: el miedo y la bronca. Que las cuatro cosas pasan porque son naturales en nosotros".

Kryptonita, Leonardo Oyola, Mondadori, 2011

Tres tercera

Hoy, recién, la volví a ver. Siempre en el mismo lugar y de noche: la parada de la estación de Ramos. Me siguió intrigando. Ella se subió por la puerta de adelante del colectivo -el Randazzo-; yo, en cambio, por la del medio. Si no me hubiese adelantado, hubiéramos compartido el viaje mirándonos a los ojos. Apretados. Quizá charlando. Estaba menos rubia; igual de misteriosa. Iba a preguntarle, cuando bajáramos en Castelar, si seguía acompañada -"no estoy solo"- o si íbamos a tomar algo. Bajé. La esperé. Miré hacia su puerta, que nunca se abrió. La vi, vidrio de por medio, irse. Sé que no hay dos sin tres. Lo sé. Y sé que la tercera es la vencida.

jueves, 14 de marzo de 2013

Ganar es de perdedores

-¿Sabés que me intrigás? 
-¿Que te intrigo? Guau. 
-Si te invito a tomar algo, ¿aceptás? 
-Mmm, eee, eh, no estoy solo.
Dice, nerviosa.
-Sola.
-...
-Un gusto.
-Otro.

jueves, 21 de febrero de 2013

Detrás de Roma

Es un tema recurrente, explorado, quizá un tanto obvio, pero no por todo eso menos potente: el vínculo entre un padre y un hijo a través del prisma que nos ofrece el fútbol. Acá va un ejemplo, de mi amigo Ale Wall en Tiempo Argentino, y otro de Nahuel Gallotta publicado en la sección Mundos Íntimos de Clarín. La muerte de Antonio Roma, uno de los grandes arqueros de la historia bostera, me trajo el siguiente: en el último partido de Boca de 2012, frente a Godoy Cruz en La Bombonera, el club lo homenajeó. Ese día se cumplían cincuenta años de la atajada. Roma se apareció en la cancha. Por delante iba su panzota. Tenía el pelo blanco y una camisa negra: conservaba la facha, el porte de Tarzán. Lo veíamos, con mi viejo, desde la platea para periodistas. Sobraba una credencial en el diario y me pareció piola invitarlo. Al fin y al cabo, él me había llevado por primera vez allí, aquel uno a cero a Argentinos con el gol de Alfredo Moreno, acaso mi regalo del cumpleaños de once, y ahora yo, así, se lo agradecía. Llegamos a nuestras ubicaciones. Saqué el papel para los apuntes, coloqué el celular con el cronómetro en cero y me calcé los auriculares. Él miraba asombrado. Habíamos bajado a la puerta del vestuario y había visto al Flaco Schiavi, que jugaría su partido de despedida con la camiseta azul y amarilla. En la radio, de repente, Walter Saavedra anunció que iban a pasar el relato de Bernardino Veiga del penal tapado a Délem contra River en 1962. Le pasé un auricular. Era el relator que escuchaba mi papá de chico. Roma se ubicó en el arco. No pegaba saltos, no era un Godzilla suelto en La Boca, no era un clásico: era un abuelo que, dispuesto, afable, posaba para los fotógrafos y saludaba. Fueron unos segundos, la voz de Bernardino en nuestros oídos y corazones, en los que validé la felicidad que, sin pedir nada a cambio, gratis, nos regala la condición de ser hinchas. De ser padres. De ser hijos.

jueves, 3 de enero de 2013

Ser periodista

"Al fin y al cabo había lugares y situaciones que había descubierto mientras elaborado un artículo. Eso era justamente ser periodista. Tener la capacidad de pasar de la ignorancia al conocimiento detallado".

La fragilidad de los cuerpos, Sergio Olguín, Tusquets, 2011

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Luzbelito y Nottingham Forest

Me presentó a Los Redondos mientras jugábamos una madrugada al PC Fútbol 5.0. Leandro, mi primo. Para la familia, “Pichi”. Rulos rubiones, taciturno: la perfecta combinación entre la calma, la risa y la rabia. Era de River, de esos que lloran por el fútbol. “Rumble Pack”, baby fútbol, Teddy, Bariloche, Comunicación Social. Luzbelito y Nottingham Forest. El más grande entre los varones. Hasta que ese mediodía se hartó. De vivir, de jugar: de jugar a vivir. ¡Pum! Todos hablaron. En un sueño –¿sueño?– se me apareció: de chiquito y de adolescente. “¿Todo bien?”, me preguntó el adolescente. El chiquito se me sentó al lado, sobre la cama. Las piernas le colgaban, apenas le rozaban el piso. En la pared de la habitación, con lapicera –praxis copiada a mi primo Leandro–, ya había escrito: “La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”.