viernes, 31 de mayo de 2013

El deporte I

"El deporte trata de gente que pierde, vuelve a perder y pierde una vez más. Se pierden encuentros; después se pierde el trabajo. Puede resultar muy intrigante".

domingo, 28 de abril de 2013

Al borde

El aroma a habano importado empuja los orificios nasales hacia el cielo. Las gotas cada vez caen más redondas y pesadas: diluvia. El relámpago ilumina el ring. El trueno asusta. Algunos de los asientos de cinco mil amagan con irse a refugiarse. ¿Qué onda, refugiados? ¿No vinieron acaso a ver a Maravilla? Vos, ¿ya te sacaste la foto con el desagradable y patriotero de Mariano Iudica y te rajás a cambiar la cara de póker? Sergio Martínez, el boxeador, el showman, el actor, el bailarín, el reptil, se mueve sin acompasar su cuerpo a los golpes. Tormenta: un nuevo refucilo electrifica el cuadrilátero. Martin Murray juega sucio y sale un grito: “¡Devolvé las Malvinas, puto!”. El inglés limpia el camino con la izquierda y poncha con la derecha la cara de Martínez, que cae: el campeón a la lona en el octavo round. El jean escurre como un trapo de piso. El papel en el que llevo la tarjeta se moja y se humedece. Los de atrás van con Maravilla y se acercan hacia el ring. Constitución en hora pico. Hay una caída: no suma, no se cuenta; es un resbalón, y un resbalón no es caída. Restan dos asaltos. En el boxeo, y en la lluvia, hay de sobra: épica sobre épica da un circo posmoderno de los Estados Unidos montado en Liniers. Pero sobre todo hay un par de boxeadores frente a frente. Y ahí no hay tutía. Murray por uno, dos puntos; Maravilla es the champion of the world y el británico debe no sólo ganar la pelea, sino también el cinturón, y en ese punto hay tantas certezas como pilotines de colores. Dos verdades. Miles de empapados. Una defensa. El aguacero. Un hecho histórico que estuvo a punto de llevarse puesto a todos, incluso a Maravilla.

jueves, 4 de abril de 2013

Mamúa

"Dicen que nos ponemos en pedo básicamente por dos cosas: para soportar lo que tenemos que hacer y para olvidar incluso a los que amamos. También dicen que son otras dos cosas las que nos despabilan de la mamúa: el miedo y la bronca. Que las cuatro cosas pasan porque son naturales en nosotros".

Kryptonita, Leonardo Oyola, Mondadori, 2011

Tres tercera

Hoy, recién, la volví a ver. Siempre en el mismo lugar y de noche: la parada de la estación de Ramos. Me siguió intrigando. Ella se subió por la puerta de adelante del colectivo -el Randazzo-; yo, en cambio, por la del medio. Si no me hubiese adelantado, hubiéramos compartido el viaje mirándonos a los ojos. Apretados. Quizá charlando. Estaba menos rubia; igual de misteriosa. Iba a preguntarle, cuando bajáramos en Castelar, si seguía acompañada -"no estoy solo"- o si íbamos a tomar algo. Bajé. La esperé. Miré hacia su puerta, que nunca se abrió. La vi, vidrio de por medio, irse. Sé que no hay dos sin tres. Lo sé. Y sé que la tercera es la vencida.

jueves, 14 de marzo de 2013

Ganar es de perdedores

-¿Sabés que me intrigás? 
-¿Que te intrigo? Guau. 
-Si te invito a tomar algo, ¿aceptás? 
-Mmm, eee, eh, no estoy solo.
Dice, nerviosa.
-Sola.
-...
-Un gusto.
-Otro.

jueves, 21 de febrero de 2013

Detrás de Roma

Es un tema recurrente, explorado, quizá un tanto obvio, pero no por todo eso menos potente: el vínculo entre un padre y un hijo a través del prisma que nos ofrece el fútbol. Acá va un ejemplo, de mi amigo Ale Wall en Tiempo Argentino, y otro de Nahuel Gallotta publicado en la sección Mundos Íntimos de Clarín. La muerte de Antonio Roma, uno de los grandes arqueros de la historia bostera, me trajo el siguiente: en el último partido de Boca de 2012, frente a Godoy Cruz en La Bombonera, el club lo homenajeó. Ese día se cumplían cincuenta años de la atajada. Roma se apareció en la cancha. Por delante iba su panzota. Tenía el pelo blanco y una camisa negra: conservaba la facha, el porte de Tarzán. Lo veíamos, con mi viejo, desde la platea para periodistas. Sobraba una credencial en el diario y me pareció piola invitarlo. Al fin y al cabo, él me había llevado por primera vez allí, aquel uno a cero a Argentinos con el gol de Alfredo Moreno, acaso mi regalo del cumpleaños de once, y ahora yo, así, se lo agradecía. Llegamos a nuestras ubicaciones. Saqué el papel para los apuntes, coloqué el celular con el cronómetro en cero y me calcé los auriculares. Él miraba asombrado. Habíamos bajado a la puerta del vestuario y había visto al Flaco Schiavi, que jugaría su partido de despedida con la camiseta azul y amarilla. En la radio, de repente, Walter Saavedra anunció que iban a pasar el relato de Bernardino Veiga del penal tapado a Délem contra River en 1962. Le pasé un auricular. Era el relator que escuchaba mi papá de chico. Roma se ubicó en el arco. No pegaba saltos, no era un Godzilla suelto en La Boca, no era un clásico: era un abuelo que, dispuesto, afable, posaba para los fotógrafos y saludaba. Fueron unos segundos, la voz de Bernardino en nuestros oídos y corazones, en los que validé la felicidad que, sin pedir nada a cambio, gratis, nos regala la condición de ser hinchas. De ser padres. De ser hijos.

jueves, 3 de enero de 2013

Ser periodista

"Al fin y al cabo había lugares y situaciones que había descubierto mientras elaborado un artículo. Eso era justamente ser periodista. Tener la capacidad de pasar de la ignorancia al conocimiento detallado".

La fragilidad de los cuerpos, Sergio Olguín, Tusquets, 2011

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Luzbelito y Nottingham Forest

Me presentó a Los Redondos mientras jugábamos una madrugada al PC Fútbol 5.0. Leandro, mi primo. Para la familia, “Pichi”. Rulos rubiones, taciturno: la perfecta combinación entre la calma, la risa y la rabia. Era de River, de esos que lloran por el fútbol. “Rumble Pack”, baby fútbol, Teddy, Bariloche, Comunicación Social. Luzbelito y Nottingham Forest. El más grande entre los varones. Hasta que ese mediodía se hartó. De vivir, de jugar: de jugar a vivir. ¡Pum! Todos hablaron. En un sueño –¿sueño?– se me apareció: de chiquito y de adolescente. “¿Todo bien?”, me preguntó el adolescente. El chiquito se me sentó al lado, sobre la cama. Las piernas le colgaban, apenas le rozaban el piso. En la pared de la habitación, con lapicera –praxis copiada a mi primo Leandro–, ya había escrito: “La vida sin problemas es matar el tiempo a lo bobo”.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Peronismo

"Si meterse en política es elegir una opción entre muchas, ser peronista es no meterse, no elegir, ser parte del todo, de la simple y sencilla vida vivible (...) Ser peronista es ser tanto que es ser todo. Al ser todo, ser peronista es ser nada. Así, cualquiera puede acusar a otro de no ser algo que es todo, que contiene a todos y autoriza a todos a decir que 'los otros' son otra cosa".

José Pablo Feinmann
Prólogo a No habrá más penas ni olvido
de Osvaldo Soriano, 
Seix Barral, 
2010

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Historias

Si el periodismo -deportivo, político, cultural, todos- es, entre otras cosas, contar historias, acá van tres alrededor de los Juegos Evita de Mar del Plata. Vivirlos fue una experiencia encantadora.

“¡Vamos, eh, vamos! ¡Jugamos por Peri!”. Soledad apunta con los índices al cielo y arenga a las compañeras del Centro Deportivo Recreativo de la Villa 15. Están a punto de jugar su primer partido de fútbol femenino Sub 16 en los Juegos Evita de Mar del Plata, en el Complejo Punto Sur. Peri: así lo llamaban a Nahuel Toledo en Ciudad Oculta, el nombre que se le colocó al Barrio General Belgrano cuando la última dictadura militar le construyó un muro para ocultarla ante la visita de extranjeros para el Mundial 1978. A principios de septiembre Peri corrió perseguido por una lluvia de piedras -un juego de niños-, se escabulló en el Elefante Blanco, cayó en el pozo de un ascensor inexistente y murió. “Nosotras vivimos en el barrio donde hicieron la película Elefante Blanco -explican entre todas- y cuando se fueron dejaron abierta una escalera que estaba rota, pero antes el hospitalito estaba cerrado. Se pudo haber evitado porque sabían que estaba muy dañado, con peligro de derrumbe, y no hicieron nada”. El relato condensa la naturalidad de la muerte. Peri jugaba en la Sub 14 y se encontraba fichado para estos Juegos. Su hermano mayor, Leandro Toledo, el Lauchita, el 5 de la Sub 16, y las chicas -Soledad, Milagros, Johanna, Lidia, Denise, Daiana, Débora, Andrea y la Pitu- juegan por él.

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Joaquín Gómez prendió la computadora, se conectó a Internet y tecleó en el buscador, no sin errarle: “Quizás quisiste decir: Yuriy Sedykh”. Lo quería decir. En realidad, buscaba los informes de los estudios biomecánicos que realizaron Sedykh, dueño del actual récord del mundo, y Anatoly Bondarchuck, el entrenador, para optimizar la técnica del lanzamiento de martillo. En el mundo, a su edad -16 años-, no hay hoy nadie mejor que Joaquín: el último fin de semana de octubre rubricó el récord subcontinental, con 81,15m, en los Juegos Sudamericanos Sub18 de Mendoza. A pesar de los dos años de diferencia, se encuentra cuarto en el ranking mundial de juveniles. El fenómeno, que rompió tres veces el récord sudamericano, ganó con 72,45m su cuarta participación en los Juegos Evita de Mar del Plata. “Me hubiese gustado llegar a los 80, pero quedé lejos -dice-. Por la marca que tengo, ya casi estoy en el alto rendimiento. Aparte siempre me entrené con seriedad, pero ahora que estoy en otro nivel tengo que buscar nuevas expectativas”. 

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Los chicos entraron por la Plaza de Mayo, recorrieron la Casa Rosada, subieron al primer piso y, en un momento, recibieron la orden: bajar al patio interno, formar un círculo y esperar. Unas horas antes habían conocido el zoológico de Buenos Aires. O Buenos Aires, sin más. Vieron, entonces, cómo se les acercaban Juan Domingo Perón y Eva Duarte. El presidente los felicitó y les estrechó la mano, uno por uno, y la señora les dio un beso. Los anfitriones, después, los invitaron a pasar a un salón para tomar un chocolate. 
Desde Mar del Plata, Daniel Solís, uno de los pibes de Nueva Argentina, aquel equipo de fútbol que representó a Misiones en los Juegos Evita de 1951 y que fue a la Casa de Gobierno, llama ahora a Rosa Theisen, su esposa, para saber cómo está ella y cómo anda todo en Posadas. No espera esta respuesta en el teléfono.
-¿Vos en qué andás? ¿Qué pasa con vos que me llaman y me preguntan cómo eras de chico? ¡Si yo ni te conocía!
Daniel, sangre guaraní, 76 años, autor de cuentos bajo el seudónimo Siles publicados en el diario misionero Primera Edición, participó en aquellos torneos infantiles y acá, en estos Juegos, compitió en la categoría pareja masculina de tejo para adultos mayores. Es uno de los pocos que repitió, y por eso le preguntan a su mujer cómo era de niño.
-Te puedo asegurar que hasta ahora siento la sensación del beso de Evita. 

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