lunes, 19 de octubre de 2015

Aquí y ahora

“Todo lo que producís en estado cannábico es lo contrario a la tensión. En el combate, si estás nervioso, todas las técnicas que sabés se frenan y te hacés lento. Yo llevé esto a torneos mundiales de artes marciales. Fumado me sentía híper concentrado: era como ver al otro en cámara lenta, y eso agudizaba mi observación, lo que en combate se dice aquí y ahora. No importa el pasado ni el futuro, pensar eso te hace más lento; me ha pasado de no saber si perdía o ganaba. Eso es aquí y ahora. Es no estar pendiente del marcador y no especular. Es estar suspendido en el aire, pero con todos los sentidos puestos en un instante. Yo fumaba, entraba al tatami y hacía desastres. Hice técnicas que nadie había hecho antes. Lo mejor de todo es que después, cuando luchaba sin haber fumado, las técnicas aprendidas estaban ahí, disponibles; no se habían quedado en la imaginación. ¿Y por qué digo esto? Porque trasladé esa experiencia, de incorporar técnicas marciales en estados cannábicos, a los robos. No a robar drogado, sino a fumar marihuana en la preparación de un golpe. Hubo robos que no se hubieran dado con el equilibrio moral que se dieron, si no hubiera sido por el consumo de marihuana”.
Fernando Araujo, líder del robo al Banco Río, en Sin armas ni rencores, Rodolfo Palacios, 2014

miércoles, 7 de octubre de 2015

Tensiones

"El progreso está vinculado con todo este desarrollo tecnológico que, aparentemente, nos ha dado mayor comunicabilidad. Pero también creo que nos ha traído bastantes ordalías. Cada día hay más ataques de pánico, cada día hay más estrés, cada día hay más tensiones. Cuando estaba vinculado a algunos movimientos que más tarde se llamaron hippies, queríamos tener un lugar de resistencia, porque queríamos ser un aviso acerca de las tensiones que iba a tener el espíritu humano en el futuro. Y no nos equivocamos. Me parece que todas esas tensiones que produce la tecnología son gruesas, son duras, y requieren de un sistema operativo preparado para eso".

Rocambole: arte, diseño y contracultura, Ricardo Cohen, Troupe Comunicación, 2014

sábado, 26 de septiembre de 2015

El deporte III

"El deporte permite hablar del mundo, de la vida, de la política, de la sociedad, de la gente. Por eso voy a seguir escribiendo sobre el deporte. Porque es la mayor máquina para la creación de narrativa. Y si usted escribe algo sobre el juego, sea juguetón".

lunes, 24 de agosto de 2015

Paranoia

"El estado de paranoia hace que uno esté permanentemente cuestionando y buscando no aceptar determinadas situaciones que se presentan como dadas". Stephen Mallinder

Postpunk: Romper todo y empezar de nuevo, Simon Reynolds, Caja Negra, 2013

sábado, 11 de julio de 2015

Barras

La moral de la clase media pide “eliminar” a las barras bravas, como si se tratara de apretar un botón para que el misil salga y dé con el objetivo.
En la cancha del Módulo 3 del penal de Ezeiza hay barras. De afuera, a Ezequiel le mandaron cinco camisetas de Racing. De ahí que su equipo se vista de blanco y celeste en el torneo. Él tiene la 22 de Diego Milito, y apenas me vuelve a ver, me advierte: “Cuidate los tobillos, Beto Vietto”. Héctor, desde un costado, mueve acompasadamente el inflador de la pelota mientras camina por el borde imaginario del terreno de juego. Es gigante. Lleva la de Almirante Brown, porque es de La Banda Mostro. No juega: apenas señala cuándo es lateral, y se cobra lateral, porque si Héctor lo dice, está bien, es así. El Chucky está medio fané. Se sienta a un costado para ver los partidos. Pero le insisten y va un rato al arco con el conjunto deportivo de Chacarita.
Más que “eliminar” a los barrabravas -¿qué piden en verdad los que después filman con sus celulares la entrada de la barra y cantan sus consignas?- habría que volver a decir que las barras son fuerza de choque, mano de obra, del poder político y sindical sin distinción, y aliadas en el negocio del fútbol con las fuerzas de seguridad. ¿Acaso la exigencia no es para los políticos y para la policía? El periodismo de indignación suele poner cintillos tales como “Basta de violencia”. ¿Cuánta genera? Leonardo Farinella, el director de Olé, el único diario deportivo de Argentina, llegó a ofrecerles a los lectores un póster de Fernando Cavenaghi parado en el paraavalanchas de Los Borrachos del Tablón.
¿Son sólo culpables entonces Ezequiel, Héctor y Chucky?
La pregunta no va para ellos, que ya conocen las respuestas. 
Le pregunto a Ezequiel otra cosa: por qué nos agradecen tanto la visita en el marco del taller de periodismo.
“La última vez que salimos a jugar al fútbol fue el año pasado -dice-, porque tuvimos un bardo con las nuevas autoridades. Esta es la primera vez en este año. ¿Cómo no les vamos a agradecer, boludo?”.

Foto: Ana Encabo.

lunes, 29 de junio de 2015

Mambo

Para mí que estoy enfermo.
Hace tres meses que no juego a la pelota y en seis horas voy a intentarlo de nuevo.
La rodilla derecha no sé si está curada y tampoco sé si el traumatólogo me dice que sí, que está curada, y entonces le creo y ya me curé.

***

"Buscás el dolor". 
Victoria.

***

Mañana -en seis horas- voy a volver y voy a seguir pensando que, a pesar de respetarte, M., coincidimos en un momento de la noche con N. que ella -ella, C.- te mira como para siempre.

***

"Trato de no pedir demasiado, ¿viste? No sé. El que da mucho también está pidiendo mucho... Para mí el amor es muy importante en mi vida, ¿no? En ese sentido, no soy una mujer tan moderna. Y trato entonces de descomprimir. Mi trabajo diario es distraerme un poco para que dé mejor resultado. Cuando descomprimo todo funciona mejor. Porque si no entro en mi propia trampa, ¿viste? Si me pongo a observar mucho al hombre termina siempre fallando".
Violeta.

***

Me atravesó un rayo de pies a cabeza,
y todo cambió adentro y afuera de mí (en mi cara y en mi corazón).
Ahora me recorro con precisión,
y sólo atiendo mi lección (y sólo sigo mi propio GPS).

***



***

¡Banzai!

viernes, 12 de junio de 2015

Periodistas

Ya no estaremos más —exclamó Fulgence—. Siendo periodista tú no pensarás en nosotros más de lo que la muchacha de la Ópera que, brillando, adorada, en su coche forrado de seda, ya no piensa en su pueblo, sus vacas y sus zuecos. Tú tienes en demasía las cualidades del periodista: el brillo y la improvisación del pensamiento. Nunca te negarás un rasgo de ingenio, aunque haga llorar a un amigo. Veo a los periodistas en los salones de los teatros. Me causan horror. El periodismo es un infierno, un abismo de iniquidades, de mentiras, de traiciones, que no se puede atravesar y de donde no se puede salir en estado de pureza sino protegido, al igual que Dante, por el divino laurel de Virgilio.

Ilusiones perdidas, Honoré de Balzac, 1835-1843

sábado, 16 de mayo de 2015

Entretiempo

Es el comienzo del fin de la posibilidad de perder con River y llorar en La Bombonera.
Los jugadores ya están en su campo. Los ojos llorosos, las caras hinchadas, las espaldas quemadas. Bengala y gas pimienta. Socios del club y policías. De pronto, un canoso de traje y corbata corre con otros detrás: es el presidente Rodolfo D'Onofrio. Arriba de las cabezas, sube y baja un dron con un fantasma de la B. Leonardo Pisculichi le tira un pelotazo para bajarlo. Le erra. Hay dos barras bravas en el estadio, una en cada bandeja media. Ha pasado un primer tiempo en el que Boca se dedicó a tirar envíos de guión: de Guillermo Burdisso y Daniel Díaz a Cristian Pavón y Federico Carrizo, con Fernando Gago con el llanto y la queja a flor de piel, con Pablo Pérez tirándose con los pies para adelante cuando el árbitro ya había cobrado falta. La respuesta a las patadas y a las faltas de River en el Monumental son patadas y faltas. Boca pierde uno a cero, y antes de que la manga sea nuestro Vietnam, en general, se hablaba en las tribunas de por qué Nicolás Lodeiro en el banco, de cómo entrarle a las gallinas, de qué debía cambiar el entrenador Rodolfo Arruabarrena. 
Al pedo. Porque la histeria de la trilogía de superclásicos llega al colmo.
En el banco apantallan a Leonardo Ponzio. El equipo de Boca hace el acting: los jugadores se mueven, pican, se posicionan. Roger Bello, el carcamán de la Conmebol, entra en la escena de circo para decidir si continúa el partido. A su lado, el hombre de la chalina blanca: Jorge Antico, el gerente de Torneos y Competencias, la productora dueña del show televisivo de la Copa Libertadores. Los hinchas, de a poco, enfilan para la salida. Antes, incluso, de que la voz del estadio anuncie la suspensión. Sentido común. Abajo hay más policías, bomberos, seguridad privada, más dirigentes. Por el borde cercano a la platea camina el vicepresidente segundo Juan Carlos Crespi, la campera de cuero de Tony Soprano. Todo menos un partido de fútbol. Pasan los minutos. El presidente Daniel Angelici se refugia en la manga. Si sale, lo putea la cancha. Menos la barra brava. 
La delegación de River intenta salir por el túnel hacia el vestuario visitante. Botellazos desde la platea de copetudos, desde el lugar de los tipos que pagan miles de pesos. Los imitadores de barrabravas. El hincha es lo más sano del fútbol. 
Ahora, mientras escribo, leo un zócalo en el programa Estudio Fútbol: "¿La vergüenza más grande del fútbol argentino?”. ¿Las muertes en el fútbol argentino? La hipocresía y la exageración de la prensa que, después, se lava las manos.
Como los futbolistas. Arruabarrena sale junto a Marcelo Gallardo y los jugadores de River esquivando las botellas. Sus dirigidos le dan la espalda. Agustín Orion, el Capitán Escarlata de Angelici, pega un par de gritos y el plantel saluda a La Doce. No a los cuatro costados. Gago y Orion. Los referentes post Juan Román Riquelme. Los que se deglutieron a Carlos Bianchi. El jugador es lo más sano del fútbol.
Nos quitamos hasta la experiencia del dolor. “El fútbol siempre da revancha -dijo el escritor bostero Sergio Olguín-. La estupidez no”.

Foto: Mariano Vega.

lunes, 4 de mayo de 2015

El número diez

Por lo que a nosotros se refiere, la pregunta es ésta: si a los bárbaros les resulta necesaria una espectacularidad de los gestos, ¿cómo es posible que hayan llegado al absurdo de eliminar precisamente el aspecto más espectacular de ese juego, es decir, el talento individual, o incluso la marca del artista, esto es, el número diez? ¿Por qué golpean precisamente el aspecto en el que ese gesto parece asumir su dimensión más elevada, más noble, más artística? No es una pregunta únicamente futbolística, porque, como a estas alturas empezarán a comprender, se trata de un fenómeno que podremos encontrar en casi todas las aldeas saqueadas por los bárbaros. Se dirigen directamente adonde se encuentra el corazón más elevado del asunto y lo destruyen. ¿Por qué? Y sobre todo: ¿qué ganan con semejante sacrificio? ¿O es violencia estúpida, pura y simplemente? En el caso del fútbol puede ser útil, de nuevo, detenerse a observar una vieja foto en blanco y negro. Sólo un vistazo, y ya veremos cómo es útil.

Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación, Fútbol 2Alessandro Baricco, 2006
Nota relacionada: El enganche