jueves, 23 de febrero de 2012

El Sarmiento, nosotros y yo

Esto lo escribió mi amigo Juan Diego Britos en su Facebook. Él es de Ramos; yo de Castelar. Juan trabaja en Policiales de Tiempo Argentino; yo, Beto, en Deportes. Es algunos años más grande y jode con que es mi hermano mayor. Quizá por esto que expresa acá: que me expresa. En el Sarmiento, muchos de nosotros fuimos a estudiar a Capital, viajamos para ir a la cancha de nuestro club, nos encandilamos con una chica desde que subimos hasta que bajamos -al punto de escribirle nuestro número en el boleto y dárselo-, vimos a Charly en el furgón -ese vagón mágico-, nos compramos chocolates... Todo eso ocurre porque este tren es parte de nuestras vidas. Me da gusto no viajar, pero, a veces, añoro esa sensación. Es adrenalina. Es un deporte extremo. Es saber que no sabés lo que puede suceder. A mí también me llamaron y mandaron mensajes para ver si respiraba. Acá estoy, respiro. Como Britos y tantos más que no estuvimos entre los muertos por milagro -escribe Juan- o vaya a saber por qué carajo.
Muchos de nosotros crecimos en el ferrocarril Sarmiento. Sus vagones fueron espacio de los primeros viajes a Once: así fuimos al trabajo, a comprar ropa o buscar la entrada para algún recital en Locuras. El Oeste es el Sarmiento. Moreno, Merlo, San Antonio de Padua, Ituzáingo, Castelar, Morón, Haedo, Ramos Mejía, Ciudadela. La frontera es Liniers. Ahí comienza otro viaje. Al Sarmiento nos subimos para ir a la cancha; para volver de bailar. Allí hemos conocido mujeres y hasta nos hemos agarrado a piñas. En el furgón dormimos de regreso, nos pasamos de estación. Luego llevamos a nuestros hijos y les compramos lápices baratos para calmar la ansiedad del viaje.
Lo que pasó esta mañana atraviesa a la familia bonaerense, esa que viaja como ganado para limpiarle la casa a los porteños; la que atiende las mesas de los bares lindos de Recoleta y contesta los teléfonos de los callcenter de Microcentro. A nadie le interesa como viajamos. En los 90’ le regalaron el Sarmiento a una asociación ilícita y luego la subsidiaron. Dijeron que era deficitario y le pintaron la cara. Comenzaron a multarnos si subíamos sin pagar. Pusieron máquinas desechadas en otros países para que sacáramos los boletos. Nosotros obedecimos, como siempre. Cancelaron salidas históricas de los andenes de las estaciones.
Hoy varios de nosotros no estuvimos entre los muertos de milagro. Temprano llamó mi hermana, preocupada. Más tarde me comuniqué con amigos, todos estaban bien. Pero muchos otros lloran y son noticia. Con los días se apagarán las luces de las cámaras y otras trivialidades alimentaran las pantallas. Los diarios publicarán alguna investigación antes investigada y publicada. Nosotros, los pasajeros seguiremos esperando. Como siempre. A pocos les importa que entre las estaciones Caballito y Once las formaciones viajen al galope porque no cambian los durmientes. Ahora aparecerán los opinólogos profesionales en los canales cable para repartir culpas. Luego los funcionarios eximirán de culpas a los gobiernos que representan. La empresa TBA explicará –a través de su vocero- que lamenta lo ocurrido. Pero nada dirá sobre la falta de inversión, la desidia institucional. Nada.

martes, 7 de febrero de 2012

Deformaciones

Van dos ejemplos, así, sin introducción. El incluido sabrá entenderme. Documental de CM sobre Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Esas imágenes de la intimidad en el camerino. Camerino, ajá: “¡Por qué no venís después al camerino, boludo, a tirarme cosas!”. El Indio, Skay, la Negra Poly, el periodista Claudio Kleiman, los demás integrantes. Cuando la banda sale para brillar en la plataforma, en ese paso, paso y paso, el Indio calienta la gola: "A Abbronzatissima, sotto i raggi del sole". ¿Qué entona? Un tema que el cantautor italiano Edoardo Vianello popularizó en los 60. Y nos vamos a la playa a broncearnos con PR.

Segunda demostración: Pizza, birra, faso. Película de culto, de Israel Adrián Caetano. Blog del director uruguayo hincha de Peñarol (Diego Alonso, uno de sus actores fetiche, porta en todos los capítulos de Tumberos una prenda negra y amarilla, manya. Un post, o entrada: “LOS REDONDOS pizza birra faso”. Epígrafe, o cintillo, o lo que sea, de la cinta virtual: “esta era una alternativa, pero anda a pedirle algo a los redondos". Sí, exactamente: Caetano quería esas melodías -Motorpsico, Esa estrella era mi lujo- para el tramo final del film. El comentario de por qué no sucedió es antológico. Estas son, entre otras, las deformaciones ricoteras. Las asociaciones acaso sean las profesionales. En fin: esto expone lo deforme que es uno.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Román

Ese domingo estaba en una calle empedrada de Banfield.
A la sombra de algunos árboles.
Era noviembre.
Tenía siete años.
Mi abuela había sido derivada a una clínica de ese mundo desconocido.
Mi mamá, con ella.
Y yo con mi viejo, en la vereda, escuchando Boca-Unión por la radio.
Le pregunté: "Pa, ¿es el Riquelme de Videomatch?".
Muchas cosas cambiaron.
La magia de Román, no.

Por una cuestión de edición, espacio y urgencia se publicó esto en Tiempo Argentino. Me quedaron cosas afuera y otras, en el vértigo y apuro del cierre, se entreveraron y salieron mal. Abajo va una nueva edición, algo más robusta y plausible, como siempre, a retoques.
Un rato de libertad en la cárcel
La Ruta Provincial 53 tiene una extensión de 29 km, abarca a seis partidos de la provincia de Buenos Aires y a un contraste que desemboca en seis complejos con tapias de cemento. Es así: después del centro de Florencio Varela hay, a un costado, construcciones precarias, chozas de chapa y una feria barrial en la que se venden y cambian cosas para vivir -comidas, colchones, antenas de DirectTV-; más allá, a pocos metros, casas quintas y barrios privados por construir; y al final, escondidas y alejadas, lo que genera eso: las Unidades del Servicio Penitenciario 23, 24, 31, 32, 42 y 54, que es la última y está al fondo, entre pastizales, viveros y campos sembrados. Ahí, en esa porción del Conurbano bonaerense, doce internos de diferentes presidios se calzaron un par de guantes y fueron libres por ese rato. Cinco, incluso, ya tienen licencia amateur. Y todos encontraron en el boxeo una herramienta de liberación y enseñanza.
-Es la segunda vez que peleo en una cárcel. Tengo nueve peleas. Una privado de la libertad y las demás en la calle. Cuando salga ahí afuera, en ese momento, voy a sentir la pasión hacia el deporte: no estoy privado de mi libertad. Trato de trabajar bien y de hacerle caso a mi maestro.

Mientras Daniel Maidana habla, Jorge Molina le venda las manos. Él es su maestro. Él hace tres años y nueve meses que trabaja con los chicos de la 23 y la 42. “Por pasión”, simplifica y calla. Cinco segundos después, mirará las manos de Daniel y dirá lo siguiente; se lo dirá: “Hay que querer esto para seguir, porque yo no tengo nada. No tengo un sueldo, un subsidio, una beca. Nada. Como dicen los chicos que están privados de su libertad, vengo a pulmón”. Molina dice que los ayuda en la parte social y mental y que lo que obtiene como recompensa es impagable. “A mí -interviene Maidana- el boxeo me descarga mucho. A veces tengo problemas con mi familia afuera y no puedo solucionarlos. En otro tiempo terminaba dándome la cabeza contra la pared. Y hoy voy y me descargo con la bolsa. Además, tengo ciertos privilegios gracias al boxeo, como vivir en un pabellón tranquilo. También mejoró mi conducta y salgo a correr cuando yo quiero”.
Afuera de las escuelas que funcionan como vestuarios, las personas enviadas por Jorge “Locomotora” Castro están armando un ring. Lo sitúan en el centro neurálgico. A un lado, el pabellón femenino; al otro, el masculino. La mayoría de las y los internos allí alojados purgan una pena por un delito menor -robos- y fueron destinados ahí para no mezclarlos con viejos presos y, de esta manera, facilitarles el regreso a la libertad.
De repente, hay corridas. Agentes armados aceleran el tranco y cruzan miradas. El fotógrafo, subido en el último escalón de una de las tribunas, mira. La cámara le pide; una veintena de policías ingresan al anexo de las mujeres. “Yo que vos no saco, eh”, le sugiere, desde abajo, un guardiacárcel. El incidente pasará y los internos ocuparán las gradas. Uno fumará un cigarrillo y exhalará el humo a un cielo nuboso y amenazante. Algunos comerán un alfajor Guaymallén con los ojos concentrados en las peleas. Una y uno coincidirán en un rincón para darse mimos. Otros, en cambio, se enviarán mensajitos con las manos. Todos se reirán cuando Locomotora Castro amague a sacarse el short luego de revolear una musculosa y las vendas a las populares.

Al festival llegaron cuatro púgiles de Dolores. El responsable de que se practique boxeo en la Unidad 6 es Sergio Lauría, un ex profesional. “Soy vigilante, guardiacárcel. Hace dos meses que estoy entrenándolos porque pasé a trata mental, es decir que ya no es tanto abrir y cerrar candados. El deporte es fundamental para ellos, que están detenidos. Por ahí en el futuro salen y se dedican a esto". A esto se quiere dedicar Jonathan Flores, quien está preso en la Unidad 42 y acaba de cruzarse a la 54. Jonathan tiene un referente a mano. Héctor Ricardo Sotelo, un ex campeón argentino que estuvo en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata 1995, hasta hace tres años estaba preso en la 42. Ayer fue a ver el festival. “Sotelo, a través del boxeo, se fue de la cárcel”, dice Jonathan. “Quiero salir y estar de nuevo con mi familia, reintegrarme a la sociedad a través de este deporte, que me ayudó a cambiar todo: la forma de pensar, tu ira, tu bronca”. Le resta un año y dos meses para tener la libertad transitoria. Cayó por robo calificado en 2007. Cuenta que nadie daba una moneda por él, que empezó de cero y que aprendió a boxear adentro. Admira a Sergio “Maravilla” Martínez y cursa el secundario en el penal.
Cuando faltan dos combates para cerrar la velada de la tarde, el relator poetiza: “Está empezando a lagrimear el cielo”. Mientras las peleas se suceden, Castro le firma autógrafos a internos y guardiacárceles. Los relámpagos, al final, se hacen agua. Es una tormenta mínima pero caudalosa. Algunos desmontan el cuadrilátero. La mayoría se refugia en las escuelas-vestuarios. Los presos forman filas en los anexos. Para. Sale el sol. Nace un arco iris espléndido. Y es nítido porque el aire, acá, no está contaminado como en la gran ciudad. Y no es una tonta metáfora ni un giro literario con el clima. La escritora estadounidense Joyce Carol Oates lo dejó inscripto. “No creo que el boxeo sea metáfora de algo. Sí podría aceptar que la vida es una metáfora del box”.
Las imágenes que ilustran la crónica son del compañero fotógrafo Daniel Baca, con quien soportamos al remisero más impertinente del mundo en el viaje a la Unidad 54 de Florencio Varela. Gracias, Dani.

martes, 25 de octubre de 2011

Reina Momo

Ella empezó sonriéndome en un bar sin luz, ah, ah
dicen que lo hizo hasta con el diablo.
Linda desde la cabeza hasta los pies, ah, ah
y con su carcajada ronca me tentó.
 
La Reina Momo todo el tiempo anda a la pesca
del vino que nos va a poner un poco tontos, pide más.
 
Es tan golosa que no hay tiempo que perder, ah, ah
y tan bonita que siempre tendrá problemas.
Su gata Pinot Noir se estira y ronronea
y le seguimos la corriente, ah, ah.
 
Babitas de su sexy caramelo,
y ternuras que no son para este mundo, ah, ah.
 
El aire se hizo todo azúcar con su voz, ah, ah
y no me pude resistir sin respirar.
Me fabricó un rico milagro con ventajas
y qué más puedo pedir? Ah, ah.
 
Hay gotas de mi sangre en su trago,
me lastimé los labios al brindar sin ella!
 
Quizá ya sea un poco tarde para mí, ah, ah, 
y para mi última aventura sobre un blues.
Yo me he agacha’o, no tengo ya remedio,
mi brújula tembló, ah, ah.
 
La Reina Momo todavía anda a la pesca,
del vino que me va a poner un poco tonto, ah, ah.

martes, 6 de septiembre de 2011

Rezándole al rey, fletando en rutas de ricota

La melancolía puede extenderse durante una semana. Son múltiples y contradictorias las emociones compactadas que se desprenden de esa aventura. Hubo ansiedad, felicidad, dolor, nostalgia. Hay. En los días posteriores regresan, y todas ellas deambulan y se baten a duelo en un ring de cuerpo y mente. Aquí, en este momento, pasaron 48 horas. Escanear una y otra vez con los ojos este poema de Camilo Blajaquis -o escuchar La hija del fletero, o charlar con un amigo sobre el viaje a la Luna, o que se te presente esa escena hacia un Armageddon de vida- son todas maneras de volver. Ahora y para siempre.

REZÁNDOLE AL REY, FLETANDO EN RUTAS DE RICOTA
(este mundo, esta empresa, este mundo de hoy…)

¡Lobos!
Si todavía amenazan con su apetito
es hora que le rindan cuentas a los bosques.
¿O acaso les asustan los corderos que andan desatados y rebeldes?
¡Mejor teman!
que algunos ya vaguean furiosos con mandíbulas ansiosas.

¡Lobos!
Los invoca un idólatra más de su gualicho
un devoto más de sus patricias joyas
un adicto más del fuego que alumbró conciencias
con octubres y luzbeles, soledad y toxi taxis.

¡Lobos!
La vejez es maduración o remordimiento
no se opaca fácilmente a un talismán de temblores y utopías,
a lo social se lo atormenta con destellos de poesía.

¡Lobos!
¿Pudieron olvidarse de esa magia de ilusiones
temblando en recitales surrealistas?
Me dolería saber que ahora sus estrellas son de un rojo opaco
y sus hocicos ya no crujen, ni babean libertad.

¡Lobos!
Escuchen mi oración
escuchen esta plegaria que sueña
con ver renacer su rabia más elegante.

Lobos, teoría de los tabiques,
que su olfato recupere el instinto,
al menos por piedad
y como ataque de amor a esta época maldita.

¡Lobos!
Por más que su rey viva atormentado por alambrados
por más que ángel guardián vague como un nómade
y relinchen sus seis cuerdas en veredas del planeta pánico.

¡Lobos!
Aunque los hayan secuestrado los hechizos de la burguesía
sus melodías de arco iris los absuelve,
ni hablar del espejismo, del lujo de ser viento
serán mis héroes más sonoros
la ecuación: canción reflexión libertad.

¡Lobos!
Cuídense de esos pantanos que los encandilaron
yo seguiré implorando e invocando a la Diosa Arte
que fabrique ese puente que los enamore de vuelta
(denle!!! que grandes debates generó su aventura)

Camilo Blajaquis es César González. Acá su particular historia de reconversión. "Puedo resonar con su universo de palabras", dijo el Indio sobre su poesía. Este es parte de su libro La venganza del cordero atado.

martes, 26 de julio de 2011

"No hay score ni cuadros ni partidos"

(…)
Junté fuerzas para aventurar la pregunta:
-¿Debo deducir que el score se digita?
Savastano, literalmente, me revolcó en el polvo.
-No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman.
(…)
Un extracto del cuento Esse est percipi, de Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, incluido en Crónicas de Bustos Domecq (1967). Es un adelanto de muchos momentos de este deporte global con arreglos de resultados, una TV Führer, multinacionales y corporaciones con tintes mafiosos.

martes, 15 de marzo de 2011

Maravilla

Sergio "Maravilla" Martínez es una anaconda. Si usted no entiende mucho de boxeo, imagínese a ese reptil que mueve su cabeza precipitándose y que, cuando cree que es el instante, se abalanza hacia la presa. Bueno, el boxeador de Quilmes no hace tintinear su lengua ni asfixia a su rival: suelta su golpe -el cross de izquierda- tantas veces como sean necesarias para derribarlo. Lo hizo el domingo pasado, ante el ucraniano Sergiy Dzinziruk, en Mashantucket, EE. UU. Fue, también, un poema de un arte de pocos.