V. S. Naipaul, en El mundo es así, Patrick French, Duomo, 2009
viernes, 12 de septiembre de 2014
Escribir
“No escribas frases largas. Una frase no debería tener más de diez o doce palabras. Cada frase debe explicar un concepto con claridad. Debería sumarse al concepto que le precedió. Un buen párrafo consiste en una serie de conceptos claros e hilvanados. Nunca uses palabras de cuyo significado no estés seguro. Si te saltas esta regla, deberías buscarte otro trabajo. El principiante debería evitar el uso de adjetivos, a excepción de los relativos a colores, tallas y números. Utiliza los menos adverbios posibles. Evita lo abstracto, ve siempre a lo concreto. Cada día, por lo menos durante seis meses, practica la escritura de este modo: frases cortas, claras y concretas. Puedes saltarte todas estas reglas cuando las hayas dominado por completo”.
V. S. Naipaul, en El mundo es así, Patrick French, Duomo, 2009
V. S. Naipaul, en El mundo es así, Patrick French, Duomo, 2009
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domingo, 10 de agosto de 2014
Sombras
A la altura de Don Torcuato, el flaco con colitas cubanas en el pelo esperaba a un costado de la Panamericana la llegada del Volkswagen Carat. Martín Tradito le abrió la puerta a Juan Román Riquelme. Camino a Juan Agustín García y Boyacá, el lugar en el jugaban las inferiores de Argentinos, Tradito escuchó el susurro que salía del asiento del acompañante: “Que me quede un ratiiito más”. No lo comprendió hasta el día que Román se subió y colocó en el pasacassette Boquita de caramelo (1995), del grupo de cumbia Sombras. En el lado B, Daniel Agostini cantaba “Porque yo”: “Tu me pides que me quede un ratito más/no puedo, no puedo, no, no/Como un juego comenzó/esta historia de amor/y me ayudaste a soportar mi dolor”.
En el supermercado La Horqueta de Boulogne, donde ahora trabaja, Tradito cuenta.
-Román fue el primero en escuchar a Sombras entre los pibes. Mi viejo me prestaba el auto para ir a entrenar. Él era el único que lo conocía. Y cantaba, y entre que no hablaba mucho, no se le entendía un carajo.
El 24 de agosto de 1997 Riquelme y Martín recordaron a Sombras después del partido. Boca, el equipo de Román, le ganó cuatro a dos a Argentinos en La Bombonera. Tradito entró en el segundo tiempo en el Bicho. Fueron los primeros de la categoría 1978 que debutaron en Primera.
En el supermercado La Horqueta de Boulogne, donde ahora trabaja, Tradito cuenta.
-Román fue el primero en escuchar a Sombras entre los pibes. Mi viejo me prestaba el auto para ir a entrenar. Él era el único que lo conocía. Y cantaba, y entre que no hablaba mucho, no se le entendía un carajo.
El 24 de agosto de 1997 Riquelme y Martín recordaron a Sombras después del partido. Boca, el equipo de Román, le ganó cuatro a dos a Argentinos en La Bombonera. Tradito entró en el segundo tiempo en el Bicho. Fueron los primeros de la categoría 1978 que debutaron en Primera.
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miércoles, 16 de julio de 2014
domingo, 22 de junio de 2014
Recuerdos
"Con los años se aprende que no importa el fútbol: lo que importan son los preinfartos de los que te salvás. Es decir, los recuerdos imborrables que vas a atesorar para contarles a tus nietos".
Factorías de recuerdos imborrables, Hernán Casciari, Orsai Blog, 2014
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miércoles, 4 de junio de 2014
Algunas preguntas para Un picado en el Maracaná
¿Una
patada del croata Zvonimir Boban a un policía en un partido disparó la Guerra de los Balcanes?
¿Hay
un tipo mexicano que jugó cinco
Mundiales y sobrevivió para contarlo?
¿Que
un torneo local en Camerún es más importante que la liga profesional porque
prefigura las internas de la selección de Kameni, Eto'o, Song y los jóvenes que
no sabemos cómo se llaman?
¿Adidas
y los nazis?
¿Johan Cruyff y las dos tiras?
¿Un
futbolista chileno inspiró a John Lennon en la tapa de Wall and Bridges?
¿Ahora
Grecia tiene que ver también con el origen del balón, y no sólo con el de la filosofía?
¿Los
marfileños los prefieren mimosos?
¿Keisuke
Honda, el japonés, Oliver Atom, vio el futuro a través de las predicciones
de la infancia?
¿La
Fundación Celeste de Uruguay y un tal Juan Cayasso en Costa Rica?
¿El
robo para la corona de un brazalete casi lo deja sin Mundial de México 1970 a Bobby Moore, el capitán inglés?
¿Hay
pelotas en el fondo del Océano Atlántico gracias a una selección de Italia?
¿El goleador suizo jugaba con anteojos?
¿Ribery
y Benzema casi no van a una Copa por culpa de una prostituta tan parecida a
ellos?
¿El
pibito que la mueve de Honduras atravesó el desierto y se mojó la espalda en
un año -2007- en el que murieron 827 personas en la travesía hacia Texas?
¿Esse est percipi y la ceguera de Jorge Luis Borges por un golpe en los ojos en un partido en el
Planetario?
¿Las
mujeres en Irán viven en Offside?
¿Que
Eusebio entró a Portugal desde Mozambique bajo la identidad de una mujer llamada Ruth Malosso?
¿Existe
Bélgica pero no los belgas y hay valones con v y flamencos con f de fútbol?
¿A Bayan
Mahmud, un ghanés que cruzó la mar como polizón, le compró el silencio de su historia una editorial
francesa?
¿Estados
Unidos hubiera ganado un Mundial si no ocurría el Crac del 29?
¿El
último autor de un gol de Argelia en una Copa del Mundo es Zidane?
¿España
no jugó un partido ante la Unión de República Socialistas Soviéticas porque eran “comunistas”?
¿El
arquero surcoreano de México 1986 vino a Laferrere a buscar a Garrafa Sánchez?
¿El Maracaná en realidad tiene el nombre de un periodista que le dio voz a
los oprimidos?
¿En
la remodelación del estadio Mineirão se arremangaron presos porque por un día
trabajado les reducían tres de la condena?
¿En
Natal, sede de Brasil 2014, hubo una base militar yanqui durante la Segunda Guerra Mundial?
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Un picado en el Maracaná
sábado, 26 de abril de 2014
Pausa
"No estoy seguro de querer ver cada fin de semana algo parecido a una final de intensidad suprema. A veces añoro las pausas, que, como en la buena literatura, permiten saborear el relato. Y a los genios indolentes que pasean por el césped hasta que, de repente, emprenden un vuelo vertiginoso".
Tiempos modernos, Enric González, El Mundo, 2013
Tiempos modernos, Enric González, El Mundo, 2013
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jueves, 17 de abril de 2014
Lucha barro cruel
En
la pantalla de led, las aves de la tapa de "Pajaritos, bravos muchachitos" vuelan de oeste a este. La foto que
se sacó Indio en Bahía Mansa, Villa La Angostura, o que encontró mientras
boludeaba en Google, cobra vida. Se mueve. Acá estamos embarrados hasta los tobillos. “¿Hay
alguna canción que tenga la palabra ‘barro’?”, les pregunto a los pibes. Somos
cinco. Ya perdimos a nueve con los que salimos de la casa alquilada en Gualeguaychú.
Ninguno responde. No falta nada para que empiece el recital. Son las diez de la
noche y estamos cada uno en nuestro mundo. Ansiosos y nerviosos y
preguntándonos qué carajo hacemos en el lodazal. Esta vez le fallo al ritual de
sentarme en el piso con las piernas cruzadas hasta que se apaguen las luces y se escuche la danza sioux.
“Qué Indio hijo de puta”.
Llegamos el viernes, sin complicaciones -más allá de que uno se olvidó la entrada en Buenos Aires-, y nos alojamos en el segundo piso de un hogar familiar de un paisano, a tres cuadras de la Unidad Penal N° 2 de la ciudad, un castillo del terror que terminó con un simulacro de motín: con los internos pogueando en el techo las canciones de Los Redondos. “Si en Mendoza aguantamos los grados bajo cero y aguanieve -me digo-, esto no es nada”. Es verdad: soy proclive a suscribir a la idea de que para alcanzar el placer hay que pasar, tarde o temprano, por el túnel del sufrimiento. Pero esto lo pienso ahora, mientras escribo, y no cuando pego saltos en el lugar para ver si de una puta vez sale el vejete.
Los recitales de Indio, como los Mundiales de fútbol, se han convertido en una medida de tiempo. Con R. fui por primera vez, y a la platea del estadio, porque estábamos todo cagados en La Plata; con S. O., la amiga que dejaría de serlo por una vuelta de perilla del corazón, pasamos la tarde al pie del dique en el segundo Tandil; con M. caminé los diez kilómetros -ida y vuelta- de la combi al autódromo de Junín, bordeando la Laguna de Gómez. Y así.
“¿Si sale, canta Jijiji y nos vamos?”. La idea pendula en mi cabeza y, de pronto, se va a la mierda porque se cae la estantería. El apagón, la danza, el damas y caballeros, con ustedes, los fundamentalistas, y vas corriendo, con tus nikes, y las balas, van detrás... El décimo tema en la lista, veo ahora, es Black Russian. “Lucha en el barro/ con tus amigas”. Y el decimosegundo, Beemedobleve. “El barro se hace cruel/ nos viene a sepultar”. Con los redondos Dawi, Semilla y Sidotti, Indio cantó Ya nadie va a escuchar tu remera, una canción que garpó el viaje. Recordé que en un diccionario que heredé de él, mi primo había escrito en el lomo fechas y resultados de los partidos de River. Por ejemplo: “Riv 1-0 Rac S. A 28/4/02”. Entonces, en uno de sinónimos y antónimos, garabatee: “Tic... Tac efímero”. Ya nadie va a escuchar tu remera me -nos- enseñó a que cuidemos nuestro estado de ánimo.
A la vuelta del hipódromo, en la casa, jugamos una temporada con la Roma al PC Fútbol 2001, que había bajado Eneco la noche anterior de insomnio y larguirucho. Ganamos la liga y nos eliminó el Milan de la Copa UEFA. Ese juego y Los Redondos llegaron en aquella época con mi primo. El domingo a la tarde, cuando rajamos por la Avenida del Valle de fisuras para regresar por la Ruta 14, disfruté la melancolía de ya no ser; de lo que ya no era.
Llegamos el viernes, sin complicaciones -más allá de que uno se olvidó la entrada en Buenos Aires-, y nos alojamos en el segundo piso de un hogar familiar de un paisano, a tres cuadras de la Unidad Penal N° 2 de la ciudad, un castillo del terror que terminó con un simulacro de motín: con los internos pogueando en el techo las canciones de Los Redondos. “Si en Mendoza aguantamos los grados bajo cero y aguanieve -me digo-, esto no es nada”. Es verdad: soy proclive a suscribir a la idea de que para alcanzar el placer hay que pasar, tarde o temprano, por el túnel del sufrimiento. Pero esto lo pienso ahora, mientras escribo, y no cuando pego saltos en el lugar para ver si de una puta vez sale el vejete.
Los recitales de Indio, como los Mundiales de fútbol, se han convertido en una medida de tiempo. Con R. fui por primera vez, y a la platea del estadio, porque estábamos todo cagados en La Plata; con S. O., la amiga que dejaría de serlo por una vuelta de perilla del corazón, pasamos la tarde al pie del dique en el segundo Tandil; con M. caminé los diez kilómetros -ida y vuelta- de la combi al autódromo de Junín, bordeando la Laguna de Gómez. Y así.
“¿Si sale, canta Jijiji y nos vamos?”. La idea pendula en mi cabeza y, de pronto, se va a la mierda porque se cae la estantería. El apagón, la danza, el damas y caballeros, con ustedes, los fundamentalistas, y vas corriendo, con tus nikes, y las balas, van detrás... El décimo tema en la lista, veo ahora, es Black Russian. “Lucha en el barro/ con tus amigas”. Y el decimosegundo, Beemedobleve. “El barro se hace cruel/ nos viene a sepultar”. Con los redondos Dawi, Semilla y Sidotti, Indio cantó Ya nadie va a escuchar tu remera, una canción que garpó el viaje. Recordé que en un diccionario que heredé de él, mi primo había escrito en el lomo fechas y resultados de los partidos de River. Por ejemplo: “Riv 1-0 Rac S. A 28/4/02”. Entonces, en uno de sinónimos y antónimos, garabatee: “Tic... Tac efímero”. Ya nadie va a escuchar tu remera me -nos- enseñó a que cuidemos nuestro estado de ánimo.
A la vuelta del hipódromo, en la casa, jugamos una temporada con la Roma al PC Fútbol 2001, que había bajado Eneco la noche anterior de insomnio y larguirucho. Ganamos la liga y nos eliminó el Milan de la Copa UEFA. Ese juego y Los Redondos llegaron en aquella época con mi primo. El domingo a la tarde, cuando rajamos por la Avenida del Valle de fisuras para regresar por la Ruta 14, disfruté la melancolía de ya no ser; de lo que ya no era.
lunes, 24 de febrero de 2014
Pestañar
"¿Cómo hice para anular a Maradona en el Mundial 82? No pestañeé. Sí, así, no pestañeé. Contra Diego tenías que tener los ojos bien abiertos los noventa minutos. Si pestañabas y los cerrabas un segundo, perdías".
Claudio Gentile
domingo, 16 de febrero de 2014
Dos sos
Te sueño, últimamente, sin cara.
Tu cuerpo es blanco, y tiene salpicones de moras rojas.
Desnuda, tendida en la cama, con la cabeza recostada, y el pelo largo ocultándote.
O parada, de espalda tatuada, mirando el horizonte, y con el lago mar abrazándote.
Quizás en corpiño y short de jean, sobre piedra arenal.
Sin rostro monstruo, sino sueño.
viernes, 31 de enero de 2014
Aimar
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