jueves, 31 de diciembre de 2020

Brío-vigor-vitalidad

Me gustaría seguir con esto de subir brincando las escaleras, quiero decir, seguir a ciegas, sin importarme un bledo adónde llegue. Él subía saltando todas las escaleras. Se abalanzaba por ellas. Rara vez lo vi subir una escalera de otro modo. Lo cual me lleva -oportunamente, vamos a suponer- al tema del brío, el vigor y la vitalidad. No puedo imaginar a nadie en estos tiempos (no me es fácil imaginar a nadie en estos tiempos) -con la posible excepción de algunos estibadores sumamente inseguros, unos pocos oficiales retirados del ejército y la marina y muchos chicos preocupados por el tamaño de sus bíceps-, que todavía crea en las antiguas y populares calumnias acerca de la Falta de Robustez de los poetas. Sin embargo, estoy dispuesto (sobre todo desde que tantos militares y machos cabales, amantes de la vida al aire libre, me consideran uno de sus narradores favoritos) que se necesita una cantidad considerable de auténtico vigor físico y no sólo de energía nerviosa y de férreo ego, para llegar al último borrador de un buen poema.

Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, J. D. Salinger, 1955

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